domingo, 5 de junio de 2005

Entre vítores y aplausos

- ...y mi mayor deseo, por tanto, dado el tema de esta conferencia, sería que ustedes no estuvieran aquí, que mis palabras no resonaran en los oídos de ningún ser viviente, que mi vida se agotara y exhalara su último aliento frente a un auditorio vacío. Quiero que mi última conferencia sea una conferencia en soledad.
El conferenciante puso en orden sus anotaciones y dio por terminada su alocución. Los innumerables asistentes rompieron el silencio con aplausos conmovidos y silbidos de admiración. Había quien no podía tenerse sentado y, emocionado, levantábase y temblaba.
Una nueva conferencia, un nuevo éxito.
El conferenciante saludaba magnánimo, con una vehemente sonrisa sobre sus labios. En el fondo, no obstante, lloraba la ignorancia de los allí presentes, y su desobediencia al desoír esas últimas palabras, aquéllas con las que siempre terminaba su alocución, aquéllas que suplicaban soledad, que buscaban la paz, el anonimato, aquéllas que el público habitual, ingrato, o no comprendía o tomaba a broma.