Sequía en todos los sentidos, eso es lo que tenemos por aquí. Ya estamos habituados, al fin y al cabo esto se repite en ciclos anuales como los giros de una rueda de bicicleta.
Ahora me acuerdo del niño ese que vivía en el interior de una burbuja metálica. Era una aleación metálica verdaderamente extraña, imperceptible para los demás e invisible incluso para él mismo, de suerte que el niño burbuja vivía aislado del mundo. Nadie sabía de su existencia, incluso él mismo a veces se olvidaba de que estaba allí.
Pero no le importaba. Se sentía cómodo. Así no le molestaba nadie, y no llamaban a su casa vendiendo enciclopedias y otros objetos inútiles.
domingo, 10 de julio de 2005