martes, 16 de agosto de 2005

Astral

Cierro los ojos, relajo los miembros y pienso en blanco. Mi alma quiere salir, y yo lo creo, y lo deseo, y la mera voluntad lo hace posible.
Mi respiración se regulariza, se estabiliza al mínimo y comienzo a sentirme flotar. Salto, me balanceo, me agito con entusiasmo sin que mi cuerpo lo perciba. Abro los ojos y veo ahí abajo, tumbado, algo que antes era yo, dormido, sin alma.
Paseo, visito los lugares más recónditos del planeta, de los astros vecinos, del universo, de los planos astrales. Saludo a seres de luz que me contestan afables.
Decido volver, a mi centro, a mi cuerpo. Una sacudida, una entrada furtiva. Despierto. No sé si he soñado o no. Como siempre. Hay ciertas experiencias que son más excitantes entre los inciertos límites de la incertidumbre.