La luna siempre nos enseña la misma cara, esa luminosa y llena de cráteres, de mares sin agua y de desierto interminable.
¿Por qué?
Un físico respondería que ello se debe a que la velocidad de rotación de la luna, a causa precisamente de la atracción que sobre ella ejerce la masa de la Tierra, es igual a su velocidad de traslación alrededor de este nuestro planeta.
Un ufólogo defendería la teoría de que los selenitas, miembros de una raza inteligente y avanzada como la que más, urden esa trama para así poder emerger a la superficie desde sus ciudades subterráneas sin llamar la atención de los curiosos terráqueos.
Para un poeta, la luna no es más que una amante cruel que nos seduce con su rostro más encantador, mientras su lado oculto se prepara para asestarnos el golpe de gracia.
Sea cual sea la respuesta correcta, comprendo la actitud de la luna. Mostrarse completamente es ponerse en evidencia, y esto es señal de debilidad. Jugar al misterio, sin embargo, es una táctica mediante la cual pueden ganarse las batallas más imposibles.
Aconsejo a todos que sean como la luna, y que oculten como un tesoro su parte más frágil, antes de que los curiosos terráqueos la descubran y la destruyan.
domingo, 28 de agosto de 2005