El primer día destruyo al hombre y los animales de la tierra según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras.
Después destruyo las aguas y los seres que habitan en ellas, y los pájaros del cielo.
Al día siguiente, acabo con las luces en la bóveda de los cielos, esas luces que separan el día de la noche y alumbran a la tierra.
El cuarto día destruyo los continentes y la tierra que verdea y engendra semilla.
Para el quinto día dejo la destrucción de la bóveda llamada cielo y que separaba aguas de aguas.
El sexto día es el día en el que son destruidos definitivamente el cielo y la tierra, y en el que deja de existir la luz.
Y al séptimo día, cuando sólo quedo yo, me tomo un más que merecido descanso, ahíto de satisfacción.
Para la nueva semana, comienzo a autodestruirme.
sábado, 20 de agosto de 2005