jueves, 15 de septiembre de 2005

La desaparición del prestidigitador

- ¡Nada por aquí, nada por allá!
El célebre prestidigitador abrió la caja y mostró su interior a todos los presentes. Vacía, completamente vacía. Una suerte de ataúd rojo capaz de recoger en su seno a una persona adulta. No sin esfuerzo, el prestidigitador volvió a depositar la caja en el suelo, se introdujo en ella y solicitó a su ayudante que clavara la tapa con largos clavos de carpintero y el martillo que había sobre la mesa. Este lo hizo así y cubrió la caja con una tela coloreada como un pavo real.
De repente, redoble de tambores, una explosión y un grito de sorpresa procedente del público. La caja con el mago había desaparecido ante sus ojos y sobre el suelo sólo quedaba la tela, tan coloreada como siempre.
El ayudante sonrío y se dirigió al biombo que se encontraba al otro lado del escenario.
- ¿Y dónde se habrá metido nuestro sorprendente Mago Claudius?
Cuando retiró el biombo y no encontró a nadie detrás de él, fue el mismo ayudante quien gritó, no tanto de sorpresa como de pánico. Salió del escenario corriendo enloquecido, llamando a la policía y afirmando que el mago había desaparecido.
- Pues claro que ha desaparecido, ya lo hemos visto.
Entre el público aún había quien disfrutaba creyendo que todo lo que sucedía era, tan sólo, un montaje más dentro del espectáculo.