La acción destruye la reflexión, la aniquila, impide su desarrollo normal y convierte al hombre en mero movimiento irracional. Y, sin embargo, ¿sobre qué podemos reflexionar si no actuamos? La mera reflexión se agota si no se ve acompañada por el avance, por la búsqueda, por una multitud de experiencias que la enriquezcan, ya sea para bien o para mal.
"Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquileo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes".
¡Qué sería del poeta sin una vida que soportara sus reflexiones! ¡Qué sería del héroe!
Héroes o poetas, protagonistas o narradores, no abandonar la reflexión significa, en definitiva, mantenerse en acción constante. Siéntanse ocupados. El resto no son más que volutas de humo que giran y giran a nuestro alrededor construyendo columnas jónicas, aparentemente sólidas pero tan vanas como efímeras.
martes, 18 de octubre de 2005