El mejor poema del mundo es capaz de condensar en unas cuantas líneas toda la sabiduría humana, describir toda la belleza del mundo y explicar de la única manera en que pueden ser explicados, poéticamente, todos los misterios del universo.
El mejor poema del mundo es tan hermoso y armónico como un coro de ángeles, tan sutil como un hilo de seda y tan aprehensible como un cuento infantil.
He escrito el mejor poema del mundo, y sin embargo he decidido romperlo, olvidarlo, quemar los trozos y encerrar sus cenizas en un cofre protegido por setenta y siete llaves y enterrado a varios miriámetros bajo tierra.
Era demasiado bello. Era demasiado perfecto. ¿Qué hubiéramos dejado para después?
viernes, 4 de noviembre de 2005