Voy a crear una compañía teatral que represente la historia del mundo en tiempo real desde los inicios de la vida hasta su final.
Al principio tendré que contratar actores capaces de dar vida a seres microscópicos y estúpidos que pululen de un lado para otro sin saber muy bien dónde se encuentran. Así transcurrirán varios millones de años. La tensión irá in crescendo, sin duda, y cuando el primer ser salga del agua, el teatro prorrumpirá en un emotivo aplauso que se tornará ovación cuando se yerga el primer homínido.
Los actos centrales están cuajados de guerras, traiciones, envidias y recelos de esta nuestra raza humana. Se trata, no obstante, de una obra apta para todos los públicos, de hecho los niños que entren a disfrutar de ella saldrán siendo adultos, o morirán, incluso, disfrutando de la representación. La historia del mundo en tiempo real abarcará la vida de varias generaciones de espectadores, por supuesto.
Y el final será apoteósico, casi mágico. Aún no lo tengo claro, pero habrá un final, evidentemente, como en toda obra que se precie. Llantos, lamentos, arrepentimientos... igual la obra resulta más breve de lo que en un principio parecía.
martes, 22 de noviembre de 2005