lunes, 14 de noviembre de 2005

Me aprieta el cinturón de asteroides

Cuentan que hubo un tipo que se volvió loco. Sus rarezas congregaban a su alrededor a tanta gente que el tipo se convirtió en un personaje popular y querido. Un día el tipo recuperó su cordura. Cuando quiso celebrarlo con los que le rodeaban, no quedaba ya nadie, un cuerdo no es atractivo, y quedó solo con su sensatez.
Cuentan que hubo un buen rey con un único defecto, el de devorar a sus hijos. Le gustaba el sabor de la carne blanda y joven por él mismo engendrada. Cuando decidió que lo que hacía era una salvajada y dejó de acabar con sus hijos, estos se levantaron contra él, le derrocaron y le asesinaron, esparciendo sus pedazos por todo el reino.
Cuentan que hubo un sabio que afirmó que la línea que separaba las buenas acciones de las malas es como la que divide la coherencia de la temeridad, extremadamente fina y, en ocasiones, difusa. Sus verdades eran tan absolutas que nadie las entendió, y el sabio acabó en una alejada cueva, aterido de frío, acosado por las ratas y con una calavera de sonrisa sarcástica como única compañía.
Este mundo es, definitivamente, demasiado absurdo. No llegaré a comprenderlo nunca. Me aprieta el cinturón de asteroides, he de romper sus barreras. ¿Sale próximamente algún vuelo barato y sin escalas a Plutón, o más allá? Si puedo me apunto.