¿Somos lo que recordamos?
A nivel práctico, por supuesto, en nuestra vida diaria, podríamos decir que sí, contruimos a partir de lo que sabemos, y sabemos lo que hemos experimentado y asumido en el pasado. ¿He estado alguna vez en la isla de Tonga? Pues la verdad, no recuerdo haber viajado allí, de modo que es lógico suponer que no.
El hecho es que no recuerdo haber nacido. Si rebusco en mis recuerdos más añejos me veo a mí mismo ya en contacto con los demás. Recuerdo haber crecido, pero no haber nacido, de modo que el origen de mi vida queda sujeto a hipótesis teóricas o informaciones de terceros, algo así como una especie de big bang del que todos pueden hablar y que yo, principal protagonista, me siento incapaz de rememorar.
De modo que, si no lo recuerdo, pudiera ser perfectamente que yo no hubiera nacido. Igual mi vida es una ficción, como la de Segismundo, igual el mundo se confabula contra mí para hacerme ver lo que no es, como a Truman, igual seres superiores dan apariencia de realidad a algo que, físicamente, no existe, como a Neo.
¿Cómo puedo saber quién soy, si no recuerdo de dónde vengo, no puedo confiar en nadie y no puedo saber adónde voy?
P.D.: Algún día visitaré la isla de Tonga, o creeré haberla visitado. Tiempo al tiempo.
martes, 29 de noviembre de 2005