Ya va siendo hora de repetir la frase que ya dijo en su momento Séneca, y quizás algunos antes que él, y seguro que muchos después: dormir es una pérdida de tiempo.
La verdad es que no poseemos mucho. Al tiempo, me refiero. Y encima tenemos que gastar al menos un tercio de él en dormir o, lo que es lo mismo, en no hacer nada, en recargar la batería como un vulgar teléfono móvil para, como mucho, despertar con un par de imágenes oníricas dispersas y preocupantes.
Y lo peor es que, por más que lo intentamos, es imposible opitimizar el tiempo de sueño, o reducirlo, con lo cual nuestra vida se queda coja, mutilada tal vez.
- Ha vivido 90 años.
- Pues no. Ha vivido 60 y ha dormido 30. Casi como La Bella Durmiente.
De modo que parece no quedar más opción que aceptar nuestra impotencia e incapacidad en el tema y disfrutar del sueño de la mejor manera posible, que es lo que hay que hacer con las desgracias. Aprender a disfrutarlas.
Dormiré pues, como un bebé, arrullado y feliz, con la conciencia muy tranquila, tal vez esta tarde en una maratoniana siesta, tal vez esta noche mientras conduzco...
viernes, 2 de diciembre de 2005