domingo, 30 de enero de 2005

Alfonsina

Cuando sus pies comenzaron a hundirse en la arena húmeda ya percibió que la capacidad de caminar sobre las aguas estaba reservaba sólo a unos pocos, de modo que sintió un escalofrío cuando las primeras ondas espumosas le besaron los tobillos.
El nivel del agua comenzaba a subir en consonancia con su avance, o quizás era que ella comenzaba a descender la prolongada pendiente que lleva a los abismos. Las piernas, la cintura, el pecho contraído por el frío del invierno, el erguido cuello.
Justo antes de que se sumergieran su boca y su nariz tragó una bocanada de aire, tan sólo como despedida. Y continuó avanzando.
Apenas un minuto más tarde, volvía a tener necesidad de aire. Sin embargo, siguió avanzando.
No fue sino pasados cinco minutos cuando, entre espasmódicos movimientos de sorpresa, concluyó que continuaba con vida y que era capaz de respirar dentro del agua.
Miró a un lado, miró a otro. El inmenso mar era suyo. ¿Cómo era que nadie le había informado de que el hombre podía respirar aun sumergido?
Posiblemente, nadie quiso volver a emerger para contarlo.
La inabarcabilidad que se extendía ante su vista era tan maravillosa que sólo pudo mirar un instante arriba, donde todavía los rayos del sol pedían paso, pensar un rápido adiós y desaparecer para siempre en los fondos marinos.

jueves, 27 de enero de 2005

Una cuestión de fe

Creer esto, creer lo otro, creer que el mundo puede ser como queremos que sea, creer que los demás van a moverse entre los límites de la coherencia.
Todo es, en última instancia, una creencia. Sin creencia no existe opinión reflexiva, y sin opiniones no existes para nadie. Los muebles no opinan, las piedras no opinan, los muertos no opinan.
Por eso parece necesario creer en algo. Ego credo, dice el hombre. La vida es, en conclusión, una cuestión de fe.
La ausencia de fe lleva al nihilismo. Si no crees en nada, ¿cómo puedes distinguir lo que es verdadero y bueno de lo que no lo es? Incluso el nihilismo, contradictorio desde su propio origen, requiere un acto de fe.
Pero yo perdí la fe hace ya tanto tiempo que no sé si ahora soy la persona más independiente (la que no elige entre las opciones que le imponen), si sólo soy una mota de polvo que vuela movida por el viento (dejo que los demás crean por mí), o si por casualidad estoy muerto (pienso que no creo, cuando en realidad ni pienso).
Por cierto, ¿qué opción elegiría el sabio? (Pito, pito, gorgorito...).

martes, 25 de enero de 2005

Los polvitos mágicos contra el mal de la melancolía

Cuando la melancolía es verdadera, cuando invade nuestro cuerpo hasta someterlo por completo, cuando la enajenación nos convierte en otros, incluso nuestro entorno termina por contagiarse.
Entonces el cielo es más gris, hace más frío, la gente con la que te cruzas sonríe menos, las gotas de lluvia se convierten en las lágrimas del universo.
La tristeza meditada, no obstante, es el privilegio de los iluminados, de los que han percibido que merece la pena llorar. Es por eso que, si existe la pócima que remedia el mal de la melancolía, es conveniente administrársela en pequeñas dosis, restringiendo su efecto, para no perder la batalla de la sonrisa estúpida.

domingo, 23 de enero de 2005

Un lugar llamado fantasía

¿Queréis llegar a ser alguien? Si la respuesta es afirmativa, ni se os ocurra seguir la estela dejada por otros.
Inventad un nuevo mundo, una realidad diferente, un lugar que esté hecho a vuestra imagen y semejanza. Olvidad lo que los demás hayan imaginado antes que vosotros.
Vuestros propios símbolos, vuestras interpretaciones personales, la relaciones entre los objetos, todo debe girar según las reglas que marquéis vosotros.
Si al resto del todo le gusta la idea que le presentáis, os convertiréis en creadores universales, en genios divinizados. Si el resultado no agrada (la masa es veleidosa, como la fortuna), al menos sobre vuestras tumbas podrá rezar: "Rey y creador, dominador y admirado protector de su propio mundo".
Ésta es la diferencia entre los locos geniales y los genios que sólo fueron considerados locos, una cuestión de aceptación.

viernes, 21 de enero de 2005

Soy el juguete de la fortuna

Causa estragos pensar que todo lo hacemos tan sólo porque unas circunstancias se han encadenado, tal vez por azar, tal vez siguiendo los dictados de alguien externo a nosotros mismos.
Porque entonces se me ocurre pensar: "si no puedo controlar lo que ocurre, es evidente que tampoco puedo controlar lo que no ocurre".
Entonces pienso en lo que me pierdo, en lo que no puedo hacer porque los planetas no se encontraban alineados de una forma determinada y en un momento concreto.
Y se me ocurren posibilidades tan bellas de organizar el mundo, posibilidades que ni siquiera se aproximan a la realidad...

miércoles, 19 de enero de 2005

Pronombres personales

Acabo de cambiar de mi concepción del yo.
Después de darle muchas vueltas, de sopesar, reflexionar, escarbar y navegar por los anchos mares de la meditación, he concluido que el yo no era lo que yo creía, y por lo tanto el yo que creía no era el yo que yo creía que creía.
El nuevo yo, en realidad, es algo más parecido al tú, como puede comprobarse:
- ¿Quién eres tú?
- ¿Yo?
- Sí, tú.
- Yo soy yo. ¿Y tú?
- ¿Yo? Yo.
Ante esta disyuntiva, fusiono mi yoidad con la tuidad del que tengo enfrente.
¿Y él?
¿Quién?

domingo, 16 de enero de 2005

V o F

Se preguntaba Miguel de Unamuno si existíamos realmente, si todo lo que nos rodeaba estaba ahí de verdad, si estas teclas que pulso, este tío que a mi izquierda mira absorto una pantalla, esta desagradable música ambiental son objetos materiales o si, por el contrario, no son más que productos de mi imaginación, en cuyo caso sería esquizofrénico (no lo descarto), o de la imaginación de otro, posibilidad ésta infinitamente más excitante.
Reflexionaba Unamuno de forma casi obsesiva sobre la posibilidad de que nuestra existencia fuera ficticia, onírica, de que no fuéramos más que un sueño de Dios. Supongan que éste se echa a dormir, sueña que crea un mundo, que lo desarrolla, que en él viven criaturas a las que llama hombres, que juega con ellas. ¿Qué pasa al final? Dios se despierta y el mundo se esfuma. Sobrecogedor, ¿verdad?
Tras toda una vida dedicada al pensamiento, Unamuno murió sin encontrar su ansiada respuesta. Tal vez habrá que seguir su mismo camino, pero mirando atentamente a izquierda y derecha en busca de una salida, de un carril oculto que lleve a la verdad y no conduzca a un callejón sin salida.
Así que caminemos. Pero despacito, no vaya a ser que se nos pase también a nosotros la salida correcta, y sin hacer mucho ruido, no vayamos a despertar a Dios...

sábado, 15 de enero de 2005

Zero

A veces pienso que me gustaría darme un paseo por el cosmos, ver el universo en colores y adquirir entradas para el concierto continuo de las esferas. Pero sé que mis pobres oídos, poco acostumbrados a las vibraciones armónicas de los cuerpos celestes, estallarían en millones de particular timpánicas que flotarían por el ingrávido vacío como una tabla sobre el mar.
Sin embargo, el martillo, el yunque y el estribo podrían seguir golpeando, y unir su percusión a la sucesión de intervalos regulares y proporcionales que los simples mortales ni siquiera pueden imaginar.
Me reconforta saber que ya tengo mis entradas reservadas.

miércoles, 12 de enero de 2005

La noche

La noche es una amante conversadora, un diálogo fecundo con uno mismo, un volver a reencontrarse a cada momento.
Las grandes ideas huyen de la luz excesiva, esa que lo llena todo de un tono claro y no les permite brillar en toda su dimensión. Por el día se retraen como un periscopio, como las antenas de un caracol, mientras esperan que el poder de la noche les entregue las alas que les ayuden a extenderse por el mundo en forma de plaga agradecida.
Por la noche nos vemos a nosotros mismos sin necesidad de vernos reflejados.
Envidio a los seres nocturnos, y espero la próxima reencarnación.

domingo, 9 de enero de 2005

Suerte

Dicen que adelantar a un coche fúnebre en la carretera trae mala suerte, especialmente si transporta en su interior un ataúd.
Pues ayer adelanté a uno de estos vehículos y en las condiciones especificadas. Y lo hice en dos ocasiones, recreándome en el hecho, paladeando el riesgo y la aventura, con actitud retadora.
Una de dos: o el ataúd del coche estaba vacío, o lo voy a pasar mal en los próximos días.

viernes, 7 de enero de 2005

Delirios de grandeza o gotitas de realidad

Todavía somos larvas, ¿no os parece? Estamos en fase de desarrollo, no hemos demostrado nuestro verdadero potencial.
Porque llegará el día en que seremos grandes, en que miraremos al mundo con cariño paternal y con la seguridad absoluta de que lo hemos arreglado. Todos nos saludarán al pasar, y nuestra poción mágica de la felicidad se estudiará como el catón en las escuelas.
Lástima que el tiempo, siendo eterno, sea tan breve. Tenemos que darnos prisa, nos queda tan poco que se cuenta con los dedos de una mano. Y las cosas, cuando se hacen deprisa y corriendo, salen mal.
O no salen.
El tiempo, que además de parte es juez, dará y quitará razones. Hasta que podamos dominarlo.

martes, 4 de enero de 2005

Impresionismo dialéctico

Un cuadro impresionista muestra un caballero con bombín mientras atraviesa un puente. Bajo el puente, un plácido riachuelo refleja los tintes amarillos y anaranjados de las últimas horas de la tarde. Al otro lado, en un bulevar paralelo al río, en un café, espera una muchacha.
Cuando el caballero llega a la terraza saluda a la joven, y se da cuenta de que ésta se ha inyectado purpurina en los ojos, probablemente para percibir un futuro brillante. El caballero solicita la presencia del camarero, I don't have coffee, I have tea, my dear.
A lo lejos una flauta de caña susurra una escala musical.
Tras una agradabilísima velada, el caballero regresa a casa y se retira a sus aposentos. Sobre su cama un bulto extraño denota la presencia de alguien inesperado, desconocido y que, en cualquier caso, no debería estar allí. Se siente como Ricitos de Oro, pero tiene tanto miedo que sólo puede farfullar unas educadas buenas noches y tumbarse junto al bulto, de espaldas a él.
Las flautas siguen murmurando escalas musicales, esta vez en su cabeza. Las flautas son traverseras, y las escalas pentatónicas, y el bulto parece que comienza a girarse.

sábado, 1 de enero de 2005

La fiesta del embutido

¿Sabes ustedes cuál es la última moda en los círculos más cool de Manhattan?
La rodaja de limón que durante tantos años acompañó las bebidas de la gente bien ha sido sustituida por un trozo de mortadela finamente cortada y delicamente enganchada al borde del vaso.
No se crean, la medida está teniendo una gran aceptación. La mortadela no sólo proporciona a la bebida un particular toque de sabor, sino que puede ser devorada tranquilamente por el interesado cuando surge el hambre, de modo que por el mismo precio puede ser adquirida una refrescante bebida y un oportuno aperitivo.
Sofisticación y funcionalidad. ¿Hay algo más chic?
No hace mucho el público asistente a un concierto pop se disgustó tanto con las maneras del cantante que comenzó a arrojarle a la cara las rodajas de mortadela que pendían de sus vasos. Fue como una gran fiesta cargada de misticismo. Apología del embutido.
Por supuesto, la mortadela que acompaña al vermouth contiene aceitunas.