sábado, 30 de julio de 2005

¿Casualidad o mero azar?

¿Tiene algún sentido que una persona en la que no había pensado durante lustros venga a mi mente dos veces a lo largo de la misma tarde y por motivos totalmente distintos?
¿Lo tiene el que, al mismo tiempo que esto sucede, venga también a mi mente una persona a la que no conozco y con la que me crucé insignificantemente tres días atrás, y que inmediatamente esa persona aparezca de nuevo ante mí, como si fuéramos los únicos en una ciudad de más de un millón de habitantes?
Porque en realidad no sabemos, ¿no? Puede ser cualquier cosa, desde unas simples casualidades sin importancia a una compleja estructura cósmica de múltiples dimensiones que gira y gira hasta que, como un cubo de Rubick, termina por volver a la posición en la que se encontraba en un principio.
Algo parecido sucede con la teoría del Big Bang, ¿no?, al menos con la continuación natural, esa según la cual la misma fuerza que provocó la explosión y cuya inercia aleja los elementos entre sí terminará por disminuir hasta desaparecer y dejar paso a la fuerza gravitacional de la masa que hará que todo, el Universo entero, retorne al punto del que partió en el origen del tiempo.

martes, 26 de julio de 2005

A diestro y siniestro

Como un explorador acompañado de su machete, quebrando ramas, apartando hojas y esquivando a las bestias con el fin de hacerse camino.
Como un avestruz que, viéndose alcanzado y desprotegido ante la manada de fieras, decide esconder su cabeza bajo tierra en busca de protección, o como el escorpión que, rodeado por el fuego, utiliza su aguijón como arma suicida.
Como la tortuga que mueve sus torpes extremidades mientras, yaciente sobre su coraza, lucha por volver a su posición natural.
Como uno, como otros, como todos. El objetivo, al fin y al cabo, es continuar por donde hay que continuar, por la senda marcada, y no hay más opciones que superar los obstáculos o morir en el intento, de donde se deduce que el libre albedrío es como un ser vivo. En ocasiones esconde su cabecita como el avestruz, e incluso, cuando merece la pena, se suicida como el escorpión.

sábado, 23 de julio de 2005

Psicodelia

Según la RAE: "Tendencia surgida en la década de 1960, caracterizada por la excitación extrema de los sentidos, estimulados por drogas alucinógenas, música estridente, luces de colores cambiantes, etc."
Se me ocurren dos posibilidades de índole antropológico-sociológico:
1.- El hecho de observar una realidad desde la lejanía, sin implicarse en ella ni en sus consecuencias, hace que los juicios que sobre ella podamos emitir se encuentren distorsionados, que sean aparentes o, en el peor de los casos, falsos.
2.- El hecho de introducirse en una realidad, de participar de ella, impide que los juicios que sobre ella podamos emitir contengan la objetividad y la veracidad necesarias en un proceso de análisis científico.
Se me ocurriría ahora preguntarle a un científico, dados los dos postulados anteriores, obviamente contradictorios, cuál sería la mejor manera de valorar la psicodelia: ¿desde dentro o desde fuera?, in or out?, ¿objetiva o subjetivamente?
Posiblemente la solución al dilema se encuentra en el punto medio aristotélico, en el todo moderado, en el dominio y el autocontrol en las situaciones críticas. Tanto dentro como fuera, una cosa y la otra a la vez, como estar en misa y repicando y no estar en ningún sitio al mismo tiempo.
En cualquier caso, en aras de la ciencia y de ese "de todo un poco", siempre será bueno haber cumplido una cierta edad (por ejemplo 30, el paso del ecuador) y poder recoger de tu memoria un puñado de noches que podrías con delectación y sin faltar a la verdad calificar, definitivamente, de "psicodélicas".

jueves, 21 de julio de 2005

Amor a primera vista

Conocí a un tipo que presumía de tener la capacidad de valorar a la gente con sólo un golpe de vista. Cuando se aburría, o cuando no tenía nada mejor que hacer, se entretenía parándose a observar a la gente, a mirarles a la cara, para ver "lo inteligente que parecen" (how intelligent they look like, fueron sus palabras concretas, aún las recuerdo. El tipo, obviamente, no hablaba español).
Pues es divertido, el juego. De vez en cuando, yo tampoco tengo nada mejor que hacer. Hay gente que parece lo que son, y gente que son lo que parecen, hay veces que las apariencias engañan y otras en las que llegas a la conclusión de que esa persona es sólo apariencia, a veces tan escandalosa y llamativa que apenas restan dudas de que haya algo más.
Hay quien no puede aparentar más de lo que es, qué le vamos a hacer.
Y siempre me he preguntado si el tipo este llegó a mirarse al espejo y analizar su propia cara. Llegué a conocerlo y era un tipo simpático, aunque no sé si a primera vista lo hubiera parecido. A mí, personalmente, eso de mirarse al espejo para ver qué pareces me da un poco de miedo.
Miedo a lo desconocido.

lunes, 18 de julio de 2005

There and further

Todo termina por cansar. Cansa la actividad excesiva, cansa la predecible rutina, cansa tanto el sedentarismo como el nomadismo. ¿Cansará la eternidad? Debe haber alguna fórmula mágica para soportarla con delectación, para disfrutarla cada vez como si fuera la primera, para huir de ese aburrimiento schopenhaueriano del dios que ya lo tiene todo, que ya ha estado en todas partes, que ya ha jugado a todo lo que tenía que jugar y que tiene toda una cantidad infinita de tiempo por delante y pocas novedades en perspectiva.
Por eso, porque ya era hora, porque siempre es hora, porque no se trata de tener sólo un objetivo, sino de alternar varios y alcanzarlos en el momento adecuado, por eso y porque hay veces que cerrar los ojos y soñar no es suficiente, echo un vistazo a lo que me espera y me preparo como un explorador para enfrentarme a todo lo que se cruce en mi camino.
Y allá, en lontananza, se divisan excitantes y desconocidas novedades.

jueves, 14 de julio de 2005

3, 2, 1... ¡¡¡despierta!!!

Harto de soñar con superhéroes, el chico se levantaba cada mañana de un humor de perros. Que si un ser maligno, que si los extraterrestres, que si un multimillonario sin escrúpulos o una amenaza nuclear... llevaba ya dos semanas dejando volar su imaginación nocturna en términos parecidos, y ya era suficiente. Llegó a la conclusión de que ser el bueno no siempre es lo más divertido, y que todo llega a aburrir, incluso la ficción, incluso la mentira.
Por eso suplicó volver a sus pesadillas, esas que tan entretenidas y amenas le habían hecho las noches durante el año anterior. Arañas, vampiros, muertes, asesinos, descuartizamientos... todo eso volvía a su memoria como el dulce néctar de la infancia perdida.
Se acostó a dormir cargado de malos pensamientos, esperando que, en efecto, sus pesadillas volvieran.
Cuando despertó, había vuelto a salvar el mundo. Abrió los ojos repentinamente, se incorporó y comenzó a gritar. Estaba bañado en sudor y la taquicardia estaba a punto de hacerle reventar.

domingo, 10 de julio de 2005

La increíble aventura del niño burbuja

Sequía en todos los sentidos, eso es lo que tenemos por aquí. Ya estamos habituados, al fin y al cabo esto se repite en ciclos anuales como los giros de una rueda de bicicleta.
Ahora me acuerdo del niño ese que vivía en el interior de una burbuja metálica. Era una aleación metálica verdaderamente extraña, imperceptible para los demás e invisible incluso para él mismo, de suerte que el niño burbuja vivía aislado del mundo. Nadie sabía de su existencia, incluso él mismo a veces se olvidaba de que estaba allí.
Pero no le importaba. Se sentía cómodo. Así no le molestaba nadie, y no llamaban a su casa vendiendo enciclopedias y otros objetos inútiles.

jueves, 7 de julio de 2005

Cristales rotos

Iba a escribir algo sobre alguien, ficticio por supuesto, que saltó desde un avión y sobrevivió. Me refiero a saltar desde un avión en marcha, claro, y nada de paracaídas ni objetos amortiguadores de la caída, sino a pecho descubierto.
Sí, ya sé, era una de esas historias de escasa enjundia y nula originalidad, de hecho creo que ya me encontré con algo parecido en una de mis lecturas de juventud, algo escrito por alguien que seguramente consideraba el hecho más interesante de lo que yo lo hago.
En fin, que no. No pienso escribir sobre eso, pues aunque el desenlace de mi frustada historia no tenga nada que ver con el del libro se trataría de una especie de plagio inconsciente, moral, no físico.
Así que lo dejaremos para otra ocasión.
Por cierto, en mi historia el tipo que había saltado del avión en marcha aterrizaba vivo, en efecto, después de 8.000 metros de caída libre. Sin embargo, miren qué casualidad, posaba sus pies sobre los cristales rotos de una botella de cerveza y se hacía, realmente, mucho daño.
Funesto destino, el de mi pobre personaje. Menos mal que no le he dado vida.
Creo que el libro que leí hace ya tanto tiempo tenía un desenlace diferente.

lunes, 4 de julio de 2005

Vivir en el Paraíso

Es a causa de la subjetividad de las percepciones. Lo que para otros es un agradable paseo lleno de encanto y lugares en los que detenerse a disfrutar del paso del tiempo, para mí no es más que el desagradable y obligado trayecto que une mi casa con el lugar donde trabajo.
Y es ahí, en la disparidad de caracteres, en el desfase existente entre el ocio de unos y el neg-ocio de otros, donde surge el conflicto.
Ellos me regalarían flores...
Yo les mordería en la yugular...

viernes, 1 de julio de 2005

Ab caelis

Lo elevaron a los altares.
Lo hicieron caprichosamente, porque las masas son así, todos a un tiempo, aunque él sabía (y probablemente las masas también lo sabían, y lo aceptaban), que el hecho de que él fuera el elegido no era una mera cuestión de azar, que las opiniones habían sido dirigidas, que él realmente deseaba estar allí y había hecho lo posible para precipitar los acontecimientos, había movido los hilos, sembrado y trabajado las semillas que mueven a las gentes, esas que solo actúan inducidas.
Y desde arriba observaba.
Y desde abajo le miraban, y sonreían con admiración.
Y pasó el tiempo.
Y cuando quiso volver a bajar, lo pidió a unos, y a otros, y llegó a suplicarlo, y todos hacían caso omiso. Simplemente continuaban admirándolo, admirando lo que él significaba, el lugar en el que estaba, sin que les importaran lo más mínimo sus deseos, intenciones o sentimientos.
Así que él se sentó sobre su altar porque no tenía más remedio que dejarse ver, que dejar de ser el sujeto para convertirse en objeto a disposición de los demás.
Se sintió, desde ese momento, como el animal de un zoo masificado.