Levanto la vista y miro a mi alrededor. Por toda la habitación flotan los lexemas. Son cientos, miles, y se mueven con exasperante lentitud, como inmersos en un atmósfera ingrávida.
Buscan morfemas con los que acoplarse, y los divisan allí a lo lejos, en una esquina de la habitación. Apuntan hacia ellos sus proas y se encaminan en su dirección. Cuando colisionan se produce el desastre. Lexemas y morfemas se unen en cópulas desenfrenadas de creación y conjunción, a veces de dos o tres elementos. En ocasiones son tantos los lexemas y morfemas implicados que la escena deviene una orgía sintagmática de singular belleza estética, pero de aterradora magnitud.
Me paso las manos por los ojos. Creo que llevo demasiadas horas seguidas escribiendo. Necesito descansar mi mente, tal vez dormir un poco, volver a dejar que las ideas se ordenen en mi cabeza...
lunes, 13 de febrero de 2006