"El paciente, estimados colegas, sigue vivo. Es la única conclusión a la que podemos llegar. Técnicamente, sin embargo, tampoco podemos decir que se encuentre en coma, pues sus funciones vitales siguen las pautas normales, así como su actividad cerebral y nerviosa.
El paciente carece de movimiento, de respuesta y, podríamos decir, de conexiones, pues ni siquiera responde a estímulos externos como el dolor o los relacionados con los órganos sensoriales. Los recibe, los administra, su cuerpo reacciona ante ellos, pero su mente no.
De este modo, el paciente llega a mostrar hematomas, a sangrar, podría desangrarse y seguiría tumbado en su cama, aparentemente muerto mientras su corazón, su cerebro y el resto de órganos funciona a pleno rendimiento.
Descartamos, pues, cualquier origen físico de la patología y nos centramos en el aspecto psicológico. Así, estimados colegas, he aquí nuestro diagnóstico:
Psicosis esquizofrénica paranoide, de etiología y fisiopatología indefinida pero caracterizada por la presencia de ideas delirantes y por la alteración del juicio de realidad.
En definitiva, estimados colegas, hemos llegado a la conclusión de que el paciente se encuentra efectivamente vivo y físicamente sano, tan sólo que, del mismo modo que hay pacientes que creen ver gentes inexistentes, que oyen voces que sólo están en su cabeza, que tienen por vivos a familiares ya muertos, nuestro paciente ha construido una realidad en la que su corazón se ha parado, y en la que él yace en el lecho eterno de los muertos, pese a que, para nosotros, y realmente, está tan activo como alterado su juicio."
martes, 31 de enero de 2006
viernes, 27 de enero de 2006
Las virtudes terapéuticas del diálogo interior
La gente dice que hablo solo. Se equivocan, como de costumbre. La gente no suele saber nada. En general, me refiero, concebida como un ente grupal y abstracto, como un fenónemo de masas. Quizás, si buscas mucho, y bien, si extraes una unidad de esa masa informe, encuentras individuos interesantes (tampoco muchos, seamos sinceros), pero la masa atonta, aliena y tiene una propiedades anestésicas verdaderamente preocupantes.
Por supuesto que no hablo solo. No sé como se atreven ni tan siquiera a insinuar tal cosa. Hablo conmigo mismo, que es algo muy distinto. Y me respondo, y me planteo nuevas alternativas, y en ocasiones llego a discutir.
Hoy me he enfadado conmigo. Me he dicho cosas que me han sacado de quicio y, he de admitirlo, mi relación con mi yo se ha visto bastante deteriorada. Ya no soy tan amigo mío como lo era.
Espero que sólo se trate de un berrinche temporal, que todo vuelva a la normalidad, que sea como en los viejos tiempos. Mientras tanto, creo que me vendría bien no verme durante algún tiempo, mantenerme alejado de mí mismo y de mis insoportables rarezas...
Por supuesto que no hablo solo. No sé como se atreven ni tan siquiera a insinuar tal cosa. Hablo conmigo mismo, que es algo muy distinto. Y me respondo, y me planteo nuevas alternativas, y en ocasiones llego a discutir.
Hoy me he enfadado conmigo. Me he dicho cosas que me han sacado de quicio y, he de admitirlo, mi relación con mi yo se ha visto bastante deteriorada. Ya no soy tan amigo mío como lo era.
Espero que sólo se trate de un berrinche temporal, que todo vuelva a la normalidad, que sea como en los viejos tiempos. Mientras tanto, creo que me vendría bien no verme durante algún tiempo, mantenerme alejado de mí mismo y de mis insoportables rarezas...
lunes, 23 de enero de 2006
El día en que la noche se hizo eterna
Fue el día en que no amaneció a la hora convenida. Llegó la mañana, y la tarde, y la noche, y el día siguiente, y el sol no se dignó a aparecer. Para algunos fue una auténtica catástrofe, para otros una inesperada bendición.
Para todos, por supuesto, fue el suceso más extraño que hubieran presenciado en todas sus vidas.
Los gallos enloquecieron dudando entre su necesidad congénita de cantarle al sol y la ausencia de este a horas desacostumbradas, los búhos sufrieron hondas semanas de insomnio, pues el sol no les invitaba, como solía, a acudir a sus recomendables horas de sueño. Y los humanos...
Los humanos se dividieron en dos. Los que temían las infinitas horas de oscuridad se encerraron en sí mismos y en sus cubículos u hogares. El resto continuó lo que había venido haciendo habitualmente, esto es, vivir de noche, cuando el sol no quema, cuando la luz no ciega, cuando el reloj no es un dictador, cuando no importa cuánto quede para que se cumpla la próxima media hora.
El sol había desistido. Quizá había también decidido hacerse noctámbulo, a ver qué tal se le daba...
Para todos, por supuesto, fue el suceso más extraño que hubieran presenciado en todas sus vidas.
Los gallos enloquecieron dudando entre su necesidad congénita de cantarle al sol y la ausencia de este a horas desacostumbradas, los búhos sufrieron hondas semanas de insomnio, pues el sol no les invitaba, como solía, a acudir a sus recomendables horas de sueño. Y los humanos...
Los humanos se dividieron en dos. Los que temían las infinitas horas de oscuridad se encerraron en sí mismos y en sus cubículos u hogares. El resto continuó lo que había venido haciendo habitualmente, esto es, vivir de noche, cuando el sol no quema, cuando la luz no ciega, cuando el reloj no es un dictador, cuando no importa cuánto quede para que se cumpla la próxima media hora.
El sol había desistido. Quizá había también decidido hacerse noctámbulo, a ver qué tal se le daba...
sábado, 21 de enero de 2006
Arte y libertad
Sólo el artista es completamente libre, porque únicamente él tiene la capacidad de crear de la nada, de inventar, de ofrecer al mundo, y ofrecerse a sí mismo, un producto completamente nuevo y original. El resto sólo elige entre las opciones que les son presentadas, son otros los que deciden qué opciones son válidas y qué opciones han de ser descartadas. Los otros, pues, carecen de libertad, o al menos son tan sólo parcialmente libres.
La libertad del artista es tal que incluye la posibilidad de dejar de crear por decisión propia, que es la muestra suprema de libertad, la libertad negativa, la libertad de poder elegir cuándo, y de qué forma, dejar de ser libre.
¿Es, pues, toda creación original una obra de arte? Sí, podríamos considerar, siempre que esta haya sido creada con absoluta libertad, lo cual, por cierto, es realmente difícil de conseguir, especialmente a causa de la gran cantidad de elementos que en nuestra vida cotidiana influyen sobre nosotros modificando nuestra actitud y nuestra visión del mundo. Por eso las obras de arte son tan escasas, y tan meritorias.
Vivir en total libertad, por tanto, es un arte. Pocos lo practican, y sólo un puñado de personas a lo largo de la historia podría decir, y con reservas, que han llegado a ser virtuosos a la hora de dominarlo. Morir, por cierto, también puede convertirse en todo un producto artístico. Y eso sí que tendría mérito...
La libertad del artista es tal que incluye la posibilidad de dejar de crear por decisión propia, que es la muestra suprema de libertad, la libertad negativa, la libertad de poder elegir cuándo, y de qué forma, dejar de ser libre.
¿Es, pues, toda creación original una obra de arte? Sí, podríamos considerar, siempre que esta haya sido creada con absoluta libertad, lo cual, por cierto, es realmente difícil de conseguir, especialmente a causa de la gran cantidad de elementos que en nuestra vida cotidiana influyen sobre nosotros modificando nuestra actitud y nuestra visión del mundo. Por eso las obras de arte son tan escasas, y tan meritorias.
Vivir en total libertad, por tanto, es un arte. Pocos lo practican, y sólo un puñado de personas a lo largo de la historia podría decir, y con reservas, que han llegado a ser virtuosos a la hora de dominarlo. Morir, por cierto, también puede convertirse en todo un producto artístico. Y eso sí que tendría mérito...
miércoles, 18 de enero de 2006
Mi lanza clavada en el costado y yo
Al principio fue un pinchazo, un dolor agudo como de mil chinchetas clavándose en la espalda. El tipo se retorció de dolor, hasta casi arrodillarse. ¿Qué había sucedido? Miró a su alrededor. Su entorno continuaba tranquilo, apacible, inalterado. De su costado, sin embargo, brotaba una enorme lanza que se le clavaba entre las costillas, y que empezaba a provocar hemorragias que se traducían en borbotones de sangre que, como lava ardiente, comenzaba a reptar por sus ropas y a alcanzar el suelo.
¿Quién podía haber sido? Intentó averiguar quién podía estar tan trastornado como para ir por ahí lanceándole sin sentido alguno. Busco entre sus conocidos, entre sus enemigos, alguien que pudiera haber planeado tal despropósito. Él sólo pasaba por allí, paseaba para descansar un poco su espíritu...
Llegó a la conclusión de que había sido, sencillamente, una desgracia azarosa. El infortunio se había cebado con él. Era probable que algún desalmado hubiera salido a la calle con la lanza, dispuesto a clavársela al primero que encontrase. Casualmente, le encontró a él, y en el lugar adecuado.
Trató de correr pidiendo ayuda pero el dolor le inmovilizaba. La lanza estaba tan incrustada en sus carnes que era imposible sacarla. Comenzó a buscar, quizá viera a alguien que pudiera ayudarle, y lo único que vio, tan sólo durante milésimas, fue otra lanza que volaba directa a su corazón y se le clavaba profunda y mortalmente. A partir de ahí, y mientras sus ojos se cegaban, sólo pudo intuir el silbido de una tercera lanza que enfilaba, veloz, en dirección a su rostro.
¿Quién podía haber sido? Intentó averiguar quién podía estar tan trastornado como para ir por ahí lanceándole sin sentido alguno. Busco entre sus conocidos, entre sus enemigos, alguien que pudiera haber planeado tal despropósito. Él sólo pasaba por allí, paseaba para descansar un poco su espíritu...
Llegó a la conclusión de que había sido, sencillamente, una desgracia azarosa. El infortunio se había cebado con él. Era probable que algún desalmado hubiera salido a la calle con la lanza, dispuesto a clavársela al primero que encontrase. Casualmente, le encontró a él, y en el lugar adecuado.
Trató de correr pidiendo ayuda pero el dolor le inmovilizaba. La lanza estaba tan incrustada en sus carnes que era imposible sacarla. Comenzó a buscar, quizá viera a alguien que pudiera ayudarle, y lo único que vio, tan sólo durante milésimas, fue otra lanza que volaba directa a su corazón y se le clavaba profunda y mortalmente. A partir de ahí, y mientras sus ojos se cegaban, sólo pudo intuir el silbido de una tercera lanza que enfilaba, veloz, en dirección a su rostro.
viernes, 13 de enero de 2006
¿Una sopa?
Cómo me gustaría zambullirme en la sopa primordial.
Bucearía de un lado a otro, con extremo cuidado, por supuesto, para evitar dañar el ecosistema en el que las partículas prebióticas desarrollan su proceso de síntesis. Sería divertido comprobar cómo las moléculas se organizan cada vez en formas más complejas, cómo de la nada surge la vida, cómo se crean las condiciones precisas para nuestra presencia en el mundo.
Cogería la primera molécula que viera y la llevaría conmigo. La metería en una pecera... no, mejor en un plato, "un plato de sopa primordial", y me pasaría horas observándolo, como quien observa un hormiguero con sus hormigas yendo y viniendo, siempre tan laboriosas...
Aunque si me entrara hambre... no sé... calentaría la sopa y me la tomaría, sí. Pocas cosas sientan tan bien como una sopita caliente en las frías noches de invierno y, en definitiva, a quién le importa la existencia de una molécula de menos, aunque fuera la primera, aunque de ella procedieran las demás. Los problemas hay que eliminarlos desde su origen, y creo que tenemos un serio problema de multiplicación incontrolada de moléculas...
Bucearía de un lado a otro, con extremo cuidado, por supuesto, para evitar dañar el ecosistema en el que las partículas prebióticas desarrollan su proceso de síntesis. Sería divertido comprobar cómo las moléculas se organizan cada vez en formas más complejas, cómo de la nada surge la vida, cómo se crean las condiciones precisas para nuestra presencia en el mundo.
Cogería la primera molécula que viera y la llevaría conmigo. La metería en una pecera... no, mejor en un plato, "un plato de sopa primordial", y me pasaría horas observándolo, como quien observa un hormiguero con sus hormigas yendo y viniendo, siempre tan laboriosas...
Aunque si me entrara hambre... no sé... calentaría la sopa y me la tomaría, sí. Pocas cosas sientan tan bien como una sopita caliente en las frías noches de invierno y, en definitiva, a quién le importa la existencia de una molécula de menos, aunque fuera la primera, aunque de ella procedieran las demás. Los problemas hay que eliminarlos desde su origen, y creo que tenemos un serio problema de multiplicación incontrolada de moléculas...
miércoles, 11 de enero de 2006
Paint it black
¿Y tú me preguntas por qué el color negro?
¿Acaso no es negra la oscuridad y el olor de la muerte?
¿Qué color tiene la realidad cuando cierras los ojos? ¿Qué color tiene la nada?
¿Acaso no es negra la ceniza del tiempo consumido, el futuro que nos espera, el presente que vivimos, la pupila en los ojos de los condenados, las cavernosas profundidades de nuestra alma?
¿No es negra la noche, no son negras las sombras, y los árboles, y las nubes, y las golondrinas?
¿No son negras las rosas?
¿O sólo soy yo quien lo ve de esta forma?
Todo es negro, ¿no? Sin matices, ni tonalidades, negro como el sueño de los que duermen sin soñar...
¿Acaso no es negra la oscuridad y el olor de la muerte?
¿Qué color tiene la realidad cuando cierras los ojos? ¿Qué color tiene la nada?
¿Acaso no es negra la ceniza del tiempo consumido, el futuro que nos espera, el presente que vivimos, la pupila en los ojos de los condenados, las cavernosas profundidades de nuestra alma?
¿No es negra la noche, no son negras las sombras, y los árboles, y las nubes, y las golondrinas?
¿No son negras las rosas?
¿O sólo soy yo quien lo ve de esta forma?
Todo es negro, ¿no? Sin matices, ni tonalidades, negro como el sueño de los que duermen sin soñar...
sábado, 7 de enero de 2006
Los paraísos perdidos
Encontré un arcón en mi desván, entre trastos viejos y telas de araña. No recordaba haberlo puesto allí, ni haberlo visto antes, y sin embargo algo en él me resultaba familiar. En su interior habitaban todos los paraísos de los que, por imprudencia o por ignorancia, había sido expulsado este humilde narrador a lo largo de su vida.
Apenas los recordaba, todo debió haber ocurrido muchos siglos atrás, pero el casual reencuentro y mi natural curiosidad me invitaban a volver a visitarlos. Lamentablemente, la entrada a los paraísos estaba franqueada por un guardián irreductible y celoso en el cumplimiento de su deber, de modo que la entrada me fue prohibida.
Volví a ser expulsado, incluso antes de entrar, y todavía hube de soportar la severa reprimenda del guardián, ofendido ante mis insistentes súplicas.
No le reprocho nada, comprendo que era su misión. Yo tampoco tengo, en el fondo, razones para regresar a paraísos que perdí en el pasado.
Simplemente, he de encontrar nuevos paraísos, paraísos míos, mejores que los anteriores, paraísos de los que no pueda ser expulsado por mi comportamiento improcedente...
Apenas los recordaba, todo debió haber ocurrido muchos siglos atrás, pero el casual reencuentro y mi natural curiosidad me invitaban a volver a visitarlos. Lamentablemente, la entrada a los paraísos estaba franqueada por un guardián irreductible y celoso en el cumplimiento de su deber, de modo que la entrada me fue prohibida.
Volví a ser expulsado, incluso antes de entrar, y todavía hube de soportar la severa reprimenda del guardián, ofendido ante mis insistentes súplicas.
No le reprocho nada, comprendo que era su misión. Yo tampoco tengo, en el fondo, razones para regresar a paraísos que perdí en el pasado.
Simplemente, he de encontrar nuevos paraísos, paraísos míos, mejores que los anteriores, paraísos de los que no pueda ser expulsado por mi comportamiento improcedente...
jueves, 5 de enero de 2006
Se avecina tormenta
"La paz es el breve período de tiempo transcurrido entre dos guerras".
¿Quién había sido el iluminado autor de esa frase? Daba igual, en el fondo. El guerrero, que había pasado toda su juventud luchando por la paz, ahora se aburría. Podían contarse ya años, lustros de tranquilidad, nadie a quien atacar, nadie por quien ser atacado, nadie con quien sostener unas tensas negociaciones, como se hacía en los viejos tiempos. El guerrero se asomaba a los muros que protegían su ciudad y buscaba en el horizonte con añoranza.
Hasta que un día el guerrero sonrió. Hordas de guerreros se acercaban a la ciudad corriendo desordenadamente y rugiendo con desesperación mientras empuñaban sus armas.
Era necesario defender lo que tanto había costado obtener. Afortunadamente. Porque, pensó el guerrero, los logros que no han de ser defendidos no tienen mérito alguno. Así que echó mano a la espada y miró a sus enemigos. Eran miles, millones y, curiosamente, todos eran iguales entre sí y, al mismo tiempo, iguales al guerrero, perfectos calcos, gemelos idénticos.
El guerrero supo que había de comenzar la lucha más cruenta, la más fratricida de todas, la de uno contra uno mismo. Tenía que salir vencedor si quería llegar a alcanzar la paz.
¿Quién había sido el iluminado autor de esa frase? Daba igual, en el fondo. El guerrero, que había pasado toda su juventud luchando por la paz, ahora se aburría. Podían contarse ya años, lustros de tranquilidad, nadie a quien atacar, nadie por quien ser atacado, nadie con quien sostener unas tensas negociaciones, como se hacía en los viejos tiempos. El guerrero se asomaba a los muros que protegían su ciudad y buscaba en el horizonte con añoranza.
Hasta que un día el guerrero sonrió. Hordas de guerreros se acercaban a la ciudad corriendo desordenadamente y rugiendo con desesperación mientras empuñaban sus armas.
Era necesario defender lo que tanto había costado obtener. Afortunadamente. Porque, pensó el guerrero, los logros que no han de ser defendidos no tienen mérito alguno. Así que echó mano a la espada y miró a sus enemigos. Eran miles, millones y, curiosamente, todos eran iguales entre sí y, al mismo tiempo, iguales al guerrero, perfectos calcos, gemelos idénticos.
El guerrero supo que había de comenzar la lucha más cruenta, la más fratricida de todas, la de uno contra uno mismo. Tenía que salir vencedor si quería llegar a alcanzar la paz.
domingo, 1 de enero de 2006
Ícaro
El sol empieza a chamuscar mis alas. Es una pena que así sea, después de la gran cantidad de tiempo y los titánicos esfuerzos que he tenido que emplear en fabricarlas, pero en el fondo ya sabíamos que esto pasaría, ¿verdad?
Se trataba de intentarlo, aun sabiendo que la suerte difícilmente le dedica una sonrisa a los imprudentes o a los temerarios.
La caída va a ser dura. Es lo que sucede cuando subes muy alto. Pero, ¿y qué si morimos en el intento? No podíamos haber elegir mejor escenario para representar nuestro final.
¿Y si no morimos?
Si no morimos volveremos con fuerzas renovadas, construiremos alas más grandes, más fuertes, más resistentes, nuestras malas experiencias serán nuestras mejores consejeras, nuestro ingenio la llave y nuestra constancia el impulso que nos hará llegar un poco más alto, un poco más lejos, citius, altius, fortius hasta que no queden cimas por coronar, soles por conquistar o vidas por vivir.
Cada vez queda menos.
Se trataba de intentarlo, aun sabiendo que la suerte difícilmente le dedica una sonrisa a los imprudentes o a los temerarios.
La caída va a ser dura. Es lo que sucede cuando subes muy alto. Pero, ¿y qué si morimos en el intento? No podíamos haber elegir mejor escenario para representar nuestro final.
¿Y si no morimos?
Si no morimos volveremos con fuerzas renovadas, construiremos alas más grandes, más fuertes, más resistentes, nuestras malas experiencias serán nuestras mejores consejeras, nuestro ingenio la llave y nuestra constancia el impulso que nos hará llegar un poco más alto, un poco más lejos, citius, altius, fortius hasta que no queden cimas por coronar, soles por conquistar o vidas por vivir.
Cada vez queda menos.