viernes, 31 de marzo de 2006

Yo vs. El genio maligno cartesiano (Cogito, ergo sum)

Se me ha aparecido en sueños el genio maligno cartesiano (yo, al menos, pienso que estaba soñando, aunque quizá haya sido real y mi confusión tan solo responde a una estratagema del genio para hacerme caer en el error).
Yo le he dicho que existo, que para comprobarlo sólo tiene que observar cómo pienso, cómo pensaba en esos mismos momentos. Él, sin embargo, me contestó que no, que yo no pensaba, que era él, todopoderoso y juguetón, quien me hacía creer en ello, quien me ofrecía una impresión falsa de existencia que yo adoptaba sin rechistar. Yo, en definitiva, no había pensado nunca, pero, gracias a sus malas artes, creía que sí, y por tanto me creía vivo y real.
Sus argumentos eran irrefutables, así que no tardé lo más mínimo en dejarme convencer...
Lo pasé mal, tengo que admitirlo. El que te hagan dudar de tu propia existencia no es un trago que agrade a nadie. Pero ya lo tengo asumido. No existir no es tan malo, sobre todo cuando eres consciente de ello, cuando el genio te ha dicho lo que hay. No soy, y no me importa. Mi vida es sólo una ilusión, pero es mejor que sea así.
El genio ha sido bueno conmigo, al menos ha hecho gala de una sinceridad loable. Qué más da que me estuviera engañando durante años, perdonar es propio de las buenas personas, incluso de las que no existen...

lunes, 27 de marzo de 2006

Men at work

Es el problema de las carreteras secundarias. Si están en obras, son un auténtico fastidio.
Cuentan que un conductor se encontró en una de estas situaciones. Un obrero le indicaba que parase sosteniendo una señal de STOP con su mano derecha. La vía era estrecha, de modo que no le quedó otra alternativa que esperar.
Dos horas después la situación seguía sin variar, salvo por el hecho de que una cola inmensa se extendía detrás del coche del primer conductor impidiéndole cualquier intento de salir marcha atrás de lo que se empezaba a convertir en una horrible pesadilla. El obrero, por toda respuesta, había abierto un termo de café y arrojaba en una taza los correspondientes terrones de azúcar.
Todo pasa, afortunadamente. Sobre todo los enfados. A medida que las semanas fueron pasando el conductor tuvo que acostumbrarse a su nuevo estado, a ser la punta de lanza de un atasco por obras.
Tres años después, y por mera cuestión de comodidad, los vehículos se habían adecuado a la vida sedentaria, el conductor había conocido a una chica diez vehículos más allá, se había mudado con ella (conducía una monovolumen) y criaban un bebé precioso.
Cada mañana se levantaba y veía al mismo obrero sirviéndose el café. Ahora deseaba con toda su alma que las obras no concluyeran nunca para poder hacer perdurar ese estado de felicidad que le embargaba...

viernes, 24 de marzo de 2006

Encadenados

Curioso fenómeno el de la asociación libre de ideas. Se trata, en efecto, de una muestra de libertad, de una capacidad que debería figurar como derecho en las cartas internacionales. Nadie es más libre, en cuanto individuo, que aquel que posee la capacidad y el espacio para enlazar ideas, porque sí, una tras otra, hasta formar cadenas tan largas como apetezca.
A veces los enlaces son lógicos, a veces inducidos, a veces irreales y a veces, sencillamente, inexistentes, a quién le importa, el caso es ser capaz de partir de un punto dado y alcanzar otro completamente diferente, tan alejado como insospechado.
La aventura de pensar. Cuántos aventureros han perecido en el intento, perdiéndose en senderos sin salida, encontrando muros infranqueables, siendo atacado por flechas invisibles. La clave, en cualquier caso, es ir dejando miguitas de pan para no olvidar el camino recorrido...
Conocí a un tipo que comenzó pensando en qué desayunaría y, a base de enlazar ideas, terminó solucionando el mundo en dos horas. Ni él mismo daba crédito a lo que había conseguido. Lamentablemente, había olvidado el trayecto y fue incapaz de reconstruirlo, así que fíjense, saber que el mundo tiene arreglo y haber olvidado la forma... El tipo, por supuesto, olvidó hasta su desayuno...

martes, 21 de marzo de 2006

If I were a rich man...

Después de mucho tiempo cavilando, por fin he decidido qué voy a hacer cuando sea megamillonario. No hay tantas posibilidades para gastar cuando se tiene tanto dinero como el que yo voy a tener, en realidad la mayoría de los objetos dejan de tener valor tan pronto como descubres que pagar su precio no supone ningún esfuerzo para ti.
Buscando, pues, he encontrado la compra perfecta. Una isla. Pero no una isla cualquiera, claro, cualquier millonario de tres al cuarto podría tener una isla si quisiera. Yo compraría la isla donde habitan los famosos que un día lo fueron y que quisieron dejar de serlo, esos que oficialmente han muerto aunque todos sabemos perfectamente que no es cierto, que fingieron su muerte y ahora viven plácidamente lejos de los flashes y de las miradas indiscretas, en un lugar donde el tiempo se ha detenido para darles cobijo.
Por supuesto, les cobraría el alquiler correspondiente (ya saben, dinero llama a dinero).
Qué buenas tardes puedo pasar en verano en mi playa privada con mis inquilinos, Elvis moviendo la cadera, Jimi Hendrix practicando unos punteos, Kurt Cobain departiendo sobre filosofía con Adolf Hitler, Napoleón flirteando ricamente con Marilyn Monroe, Chanquete amenizando la velada con su inseparable acordeón, el padre Apeles en agitada disputa religiosa con Karl Marx...
Deben de ser momentos entrañables. Espero llegar pronto a ser megamillonario, ya no tiene que quedarme mucho...

viernes, 17 de marzo de 2006

Desayuno con nenúfares

Cuando hubo terminado, recogió unos nenúfares y los puso en un pequeño recipiente sobre la mesa. Vació su mente, cerró los ojos y dejó que el tiempo se parase. En el exterior no había nada, un universo blanco luminoso, sin forma ni objetos. En el interior, el mismo color blanco acompañado de una cálida sensación de bienestar.
¿Y si decidiera no despertar?
Imposible. No decidiría nada, su mente estaba vacía, ningún pensamiento osaría cruzarla. Sucedería, simplemente, lo que tuviera que suceder. Y, si el tiempo se había detenido, si no había movimiento, si el cosmos había devenido fijo e inerte como una acuarela, los nenúfares seguirían siempre ahí, lozanos, bellos, y él no abandonaría nunca su estado de felicidad...

lunes, 13 de marzo de 2006

Como pisar insectos con el pie descalzo

Los guijarros se le clavaban como puñales sobre las plantas de los pies.
Miró a la cima de la colina donde se encontraba la cabaña del maestro. Aún quedaba un buen trecho, y el peregrino no pudo evitar maldecir el camino que abrupto y serpenteante subía por la ladera como unos intestinos extendidos sobre un plano, así como la estúpida costumbre de ascender descalzo, sólo para sufrir, a recibir el consejo y las enseñanzas espirituales del maestro.
Llegó a la cima varias horas después, jadeante. La puerta estaba abierta, y en el salón, colgado del techo por una soga atada a su cuello, pendía el cuerpo del maestro. Su evidente estado de putrefacción, su llamativo hedor y los insectos comensales que se daban un festín apiñados sobre su cuerpo le confirmaron al peregrino, en primer lugar, la muerte del maestro, en segundo lugar su suicidio y, por último, el hecho de que mucho tiempo había pasado desde la salida del peregrino anterior.
Probablemente lo mató la soledad, pensó el recién llegado, mientras asumía como penitencia y primera prueba de su nuevo maestro la labor de retirar el cadáver, hacerlo desaparecer y limpiar los excrementos que, pegajosos ya y resecos por el tiempo, serían verdaderamente difíciles de eliminar...

viernes, 10 de marzo de 2006

La teoría de la conspiración

Mola eso de sentirse observado, ¿verdad? Intuir unos ojos escrutadores posados directamente sobre ti, atentos a todos tus movimientos, analizando tus acciones, juzgando tus actitudes, seleccionando, incluso, tus pensamientos.
El mero hecho de ser espiado hace que uno se crea importante, ¿no es cierto? Puestos a buscar, podrían aparecer millones de personas dignas de ser espiadas, gente con cosas que ocultar, gentes que desarrollan actividades o ideologías ilícitas. Y sin embargo el elegido has sido tú...
La teoría de la conspiración, es, pues, realmente sugerente. Alguien está haciendo algo que ni siquiera sospechamos, personajes oscuros y sombríos que conocen nuestra vida mejor que nosotros mismos, poderes tan poderosos que apenas toman forma visible, que actúan como fuerzas que de un soplido mueven los hilos de nuestras sociedades, grupos humanos tan selectos y desconocidos que extienden a su gusto su influencia sobre los seres mediocres que ni tan siquiera podemos soñar con escapar a su control.
Mola la teoría de la conspiración. Mola como teoría, claro, porque si existe de verdad ya no mola tanto. A no ser que consigamos formar parte de ella.

martes, 7 de marzo de 2006

Parte meteorológico

Ya está bien de soportar el frío, la lluvia, la nieve, el viento y el granizo. El sol se asoma cada mañana a la ventana de su dormitorio, observa como está el tiempo y decide que hoy no va a salir de casa. No podemos culparle, sin embargo, nosotros actuaríamos de la misma manera si pudiéramos hacerlo.
Maremotos devastadores, huracanes ciclópeos, tornados, terremotos, sequías e inundaciones, tormentas tropicales en los polos, y heladas en las selvas ecuatoriales. El parte meteorológico mundial para lo que queda de siglo podría añadirse como apócrifo capítulo XXIII al Libro del Apocalipsis, y por la bestia de siete cabezas y siete cuernos en cada una de ellas que no desentonaría en absoluto.
Y aún nos queda el meteorito definitivo, el que nos sepulte y condene a la Tierra a una nueva Era Primigenia, no esas piedrecitas que caen de vez en cuando en Siberia. Sólo entonces, cuando la piedra del David universal venga a estamparse contra nuestro Goliat terráqueo, sólo entonces, podremos llamar a los que nos hablan del tiempo, con propiedad más allá de la etimología, meteorólogos.

viernes, 3 de marzo de 2006

Del dicho al hecho

Tedio.
Bonita palabra, ¿verdad? Suena bien... te... dio... y, por cierto, para algunos es inevitable.
Dicen ellos que la vida, a medida que se vive, lleva, forzosamente, al tedio más absoluto:
"Y total, para qué hacer tantos viajes, si al final todos resultan iguales, las ciudades se parecen todas. Y para qué conocer a tanta gente, si al final nadie te ofrece nada, todas las personas terminan en el mismo saco. Y las películas, cuando has visto una las has visto todas. Y para qué leer 100 libros si con uno vale, y para qué construir diez castillo si son iguales, y para qué completar los 14 ochomiles, o atropellar a tres vacas por la carretera si, total, el tedio te va a consumir tarde o temprano, si todo termina por cansar."
Si esta teoría apocalíptica de la vida es cierta (lo cual es posible), me quedan tres opciones:
· O no pienso en lo que hago y sobrevivo como una ameba (opción elegida por la mayoría, pese a no ser especialmente satisfactoria).
· O vivo con la ilusión de que las cosas van a cambiar tanto y con tanta frecuencia que el tedio dejará de apoderarse de mí (aunque supongo que también me cansaría de desarrollar ilusiones frustradas).
· O prefiero morirme y mantener diálogos con los muertos al estilo lucianesco, que los muertos siempre dicen cosas interesantes (¿me cansaría también de hablar con los muertos?).
Por cierto, ¿y las gárgolas? ¿Cuándo vendrán a hablarme las gárgolas? Desde que el barroco está démodé se encuentran tan cálladas y tan cómodas instaladas en su anonimato...