Sociedad del ocio. Sociedad de la libertad y el placer.
No cabe ninguna duda. La sociedad actual invita al hedonismo. O incita a él, mejor dicho. No hay más que mirar alrededor, a aquellos que son adorados, a su modo de vida, a sus deseos que, a la larga, se convierten en los deseos de la gente normal.
Eso sí, el placer que proponen como ideal sólo es alcanzable por unos privilegiados. Dibuje usted una sociedad donde el ocio y el dinero son las claves de la felicidad, hágasela tragar a toda una generación y después dificulte el ocio y retire el dinero de sus vidas. ¿Qué tenemos entonces?
Una generación frustrada.
Frustrada por no poder conseguir lo que otros le han dicho que había que conseguir para ser felices.
Un poco paradójico, ¿no?
Así que cada cual se refugia en los pequeños placeres, que para muchos constituyen la clave de la felicidad pero que a otros, a poco que se piense, no les sirve ni para levantarse cada mañana con una sonrisa...
domingo, 30 de julio de 2006
miércoles, 26 de julio de 2006
Fotofobia y salvación
Debía de ser muy tarde. Tal vez demasiado. De un momento a otro rompería el día y entonces todo habría acabado. Lamentó haberse entretenido, haberse dejado llevar por la confianza y los guiños que los demás le ofrecieron, haber entrado en su juego.
Ellos podían soportar la luz.
Ellos eran vulgares como motas de polvo.
Sería necesario correr. Los primeros rayos del sol no queman, pero iluminan, y con eso bastaría para obligarlo a retorcerse en su lecho durante días enteros. Era un asunto grave, y por lo tanto requería soluciones drásticas.
Busco un zaguán, un sótano, una alcantarilla, un ataúd, cualquier lugar serviría para esconderse, aunque la perspectiva de pasar quince horas encerrado no era nada halagüeña.
Pagaría su error, de eso estaba seguro. Nunca, nunca, volvería a transitar los senderos construidos por otros. Jamás volvería a fiarse de nadie.
Pensó que su derrota más digna sería la entrega voluntaria. Se olvidó de buscar y quedó parado en medio de la calle, observó la salida del sol, comprobó que no era tan bella como todos decían y se dispuso a autoinmolarse como víctima de un sacrificio que podría haberse evitado.
Ellos podían soportar la luz.
Ellos eran vulgares como motas de polvo.
Sería necesario correr. Los primeros rayos del sol no queman, pero iluminan, y con eso bastaría para obligarlo a retorcerse en su lecho durante días enteros. Era un asunto grave, y por lo tanto requería soluciones drásticas.
Busco un zaguán, un sótano, una alcantarilla, un ataúd, cualquier lugar serviría para esconderse, aunque la perspectiva de pasar quince horas encerrado no era nada halagüeña.
Pagaría su error, de eso estaba seguro. Nunca, nunca, volvería a transitar los senderos construidos por otros. Jamás volvería a fiarse de nadie.
Pensó que su derrota más digna sería la entrega voluntaria. Se olvidó de buscar y quedó parado en medio de la calle, observó la salida del sol, comprobó que no era tan bella como todos decían y se dispuso a autoinmolarse como víctima de un sacrificio que podría haberse evitado.
lunes, 24 de julio de 2006
Zzzzz
Sería el calor, o la música estridente, o las ganas de fiesta que se consumen como el fuego en una cerilla, pero el caso es que llegó tan cansado que se tumbó en el sofá y se quedó dormido sin apenas tiempo para quitarse los zapatos.
Durmió durante nueve días y nueve noches, y al despertar comprobó que el mundo que le rodeaba había cambiado por completo. El aire había dejado de ser transparente para convertirse en un gas de un azulado indefinible, lo que provocaba un cambio en el color general de los objetos, una tendencia a teñir la realidad como si se observara a través de un trozo de papel de celofán. Este aire azulado formaba ondas juguetonas que retozaban flotando en el vacío sin orden, sin concierto, sin ser capaces de detenerse un sólo instante, lo que dotaba al salón de un siniestro aspecto de fragilidad y a los objetos de unos contornos difuminados que hacía, por momentos, difícil reconocerlos.
Hubiera jurado que ni siquiera estaba en su salón, ni siquiera tendido en su sofá.
A lo lejos pudo percibir una melodía insoportablemente aguda que amenazaba con reventarle los tímpanos.
Trató de incorporarse, pero ese nuevo aire azul era tan pesado que apenas logró levantar el brazo izquierdo un palmo sobre su punto de apoyo.
Ante semejante situación, se decidió a seguir durmiendo. Nueve días con sus nueve noches sumaban doscientas dieciséis horas, tiempo más que suficiente para estar descansado. Pero las duermevelas matinales son un privilegio tan placentero que no iba a eliminarlas por un quítame allá ese mundo...
Durmió durante nueve días y nueve noches, y al despertar comprobó que el mundo que le rodeaba había cambiado por completo. El aire había dejado de ser transparente para convertirse en un gas de un azulado indefinible, lo que provocaba un cambio en el color general de los objetos, una tendencia a teñir la realidad como si se observara a través de un trozo de papel de celofán. Este aire azulado formaba ondas juguetonas que retozaban flotando en el vacío sin orden, sin concierto, sin ser capaces de detenerse un sólo instante, lo que dotaba al salón de un siniestro aspecto de fragilidad y a los objetos de unos contornos difuminados que hacía, por momentos, difícil reconocerlos.
Hubiera jurado que ni siquiera estaba en su salón, ni siquiera tendido en su sofá.
A lo lejos pudo percibir una melodía insoportablemente aguda que amenazaba con reventarle los tímpanos.
Trató de incorporarse, pero ese nuevo aire azul era tan pesado que apenas logró levantar el brazo izquierdo un palmo sobre su punto de apoyo.
Ante semejante situación, se decidió a seguir durmiendo. Nueve días con sus nueve noches sumaban doscientas dieciséis horas, tiempo más que suficiente para estar descansado. Pero las duermevelas matinales son un privilegio tan placentero que no iba a eliminarlas por un quítame allá ese mundo...
sábado, 15 de julio de 2006
¿De dónde vienes?
Cuando comprendió que había desperdiciado una vida para llegar a las mismas conclusiones que otros habían ya alcanzado mucho tiempo antes, cuando comprobó que no había sido único y que todo lo que había creado no era más que un calco de los pensamientos de otros, decidió sostener la teoría, impopular pero irrefutable, de que todo estaba ya inventado, de que nos repetíamos una y otra vez y de que, definitivamente, llevábamos décadas engañándonos a nosotros mismos con fantasías de evolución y progreso.
En todo el mundo se entonó, a partir de aquel momento, un eterno canto fúnebre en memoria de la originalidad perdida.
En todo el mundo se entonó, a partir de aquel momento, un eterno canto fúnebre en memoria de la originalidad perdida.
martes, 11 de julio de 2006
H2O + NaCl + ¿?
Creo que el mar es un ente subestimado. A mí me provoca pavor. La gente lo trata con familiaridad pero yo no puedo dejar de pensar que ahí dentro se mueve una infinidad de litros de agua que conectan los océanos entre sí, unos abismos desconocidos aún para la raza humana y unas corrientes capaces de jugar contigo como con un muñeco roto.
Hay muchos peces en el mar, y cualquiera de ellos podría devorarte de un mordisco o acabar contigo, poco a poco, tan pronto como quedes indefenso. Los organismos que pululan entre las aguas son tan diversos y voraces que cualquier intento de huir de ellos sería infructuoso.
No puedo dejar de imaginarme soportando sobre mis hombros el peso de las aguas. En esos momentos se apodera de mí la angustia, y querría gritar pero el agua me enmudece, y quisiera respirar pero mis pulmones se anegan, y ni siquiera sé si el fondo marino tiene arena como una playa, rocas como un acantilado o una especie de nada infinita en la que flotas como una medusa.
Definitivamente el mar da miedo. Es bonito, sí, en ocasiones. Precisamente por eso. Casi todo lo bonito me da miedo...
Hay muchos peces en el mar, y cualquiera de ellos podría devorarte de un mordisco o acabar contigo, poco a poco, tan pronto como quedes indefenso. Los organismos que pululan entre las aguas son tan diversos y voraces que cualquier intento de huir de ellos sería infructuoso.
No puedo dejar de imaginarme soportando sobre mis hombros el peso de las aguas. En esos momentos se apodera de mí la angustia, y querría gritar pero el agua me enmudece, y quisiera respirar pero mis pulmones se anegan, y ni siquiera sé si el fondo marino tiene arena como una playa, rocas como un acantilado o una especie de nada infinita en la que flotas como una medusa.
Definitivamente el mar da miedo. Es bonito, sí, en ocasiones. Precisamente por eso. Casi todo lo bonito me da miedo...
viernes, 7 de julio de 2006
El mito del buen Satanás
- Pero... la soledad no es tan mala... uno no puede verse a sí mismo en el interior de una multitud... - le dijo el imperturbable asceta al Diablo tentador.
- ¿Y a mí me lo dices? He vivido en soledad desde que me revelé contra un Dios caprichoso, desde que fui vencido y enviado a los abismos. Actúo en soledad, pienso en soledad y tengo que sufrir la ira y el temor de seres inferiores a mí que jamás llegarán a entender mis razones...
- Entonces, Satanás... ¿por qué me tientas con reinos, poder y gloria, con bienes materiales, superficiales y efímeros? ¿Acaso me crees también a mí inferior? ¿Acaso crees que no me entregaré racionalmente a tus argumentos?
Satanás reflexionó durantes unos instantes y contesto con calma:
- Tal vez tengamos en común más de lo que pensamos...
- Tal vez -replicó el asceta- no somos más que dos caras de una misma realidad...
- ¿Y a mí me lo dices? He vivido en soledad desde que me revelé contra un Dios caprichoso, desde que fui vencido y enviado a los abismos. Actúo en soledad, pienso en soledad y tengo que sufrir la ira y el temor de seres inferiores a mí que jamás llegarán a entender mis razones...
- Entonces, Satanás... ¿por qué me tientas con reinos, poder y gloria, con bienes materiales, superficiales y efímeros? ¿Acaso me crees también a mí inferior? ¿Acaso crees que no me entregaré racionalmente a tus argumentos?
Satanás reflexionó durantes unos instantes y contesto con calma:
- Tal vez tengamos en común más de lo que pensamos...
- Tal vez -replicó el asceta- no somos más que dos caras de una misma realidad...
lunes, 3 de julio de 2006
El monstruo que vive en mi armario
Ya no me da tanto miedo, pero eso no significa que haya conseguido que se mude. Sigue viviendo allí, acurrucado entre las sábanas de invierno y las camisas que nunca me pongo. Debe de ser un monstruo de pocas palabras, o un auténtico maleducado, porque después de varios años de convivencia continúa sin saludarme, y tan sólo percibo su presencia, cada noche, con sus brillantes ojos a través de la ranura de la puerta que entreabre con sigilo...
Ni saluda, ni sale a devorarme, ni grita para asustarme, tan sólo me sigue, me observa y desaparece con el alba.
Ya no me da tanto miedo. Su presencia, no obstante, me provoca cierta impaciencia... Ya va siendo hora de visitarle y preguntarle cuál es su secreto...
Ni saluda, ni sale a devorarme, ni grita para asustarme, tan sólo me sigue, me observa y desaparece con el alba.
Ya no me da tanto miedo. Su presencia, no obstante, me provoca cierta impaciencia... Ya va siendo hora de visitarle y preguntarle cuál es su secreto...