Miedo a lo desconocido, miedo a la muerte, miedo a fallar, miedo al fracaso, miedo a la responsabilidad, miedo al triunfo...
Hay quien dice que el miedo mueve el mundo, que da vida a sus engranajes y lo hace rodar sobre su eje. Por miedo actúa la gente, por miedo a no ser nadie, por miedo tuvieron lugar las mayores creaciones y se protegen los bienes más preciados. El miedo es la más destructiva de las armas, la mejor de las defensas y el argumento más poderoso.
Pero el miedo paraliza con sus imaginarios aterradores, si por miedo fuera el mundo hace tiempo que hubiera dejado de girar y se hubiera acurrucado bajo las sábanas. El miedo infundado ha destruido tantos bienes y ha despreciado tantas buenas ideas...
El miedo, el quinto jinete del Apocalipsis.
martes, 27 de febrero de 2007
martes, 20 de febrero de 2007
La marca de la guadaña
Ya tenía el vestido, negro y largo, con su capuchón y todo. Necesitaba imperiosamente una guadaña. Caminaría por las calles y los campos y segaría todo lo que sobrepasase el metro de altura.
Necesitaría también un rostro macabro y aterrador, una mueca que simbolizara el dolor de todas la generaciones que han sufrido a lo largo de la historia. Para ello, pensaría en algo negativo, no sería muy difícil, de hecho, negativo era todo lo que se le venía a la mente en los últimos días, semanas, meses, negativo había sido todo desde el comienzo.
Para qué esperar a la muerte cuando puedes convertirte en ella misma. En cuanto se hiciera con la guadaña saldría de caza y volvería con un par de presas. Su hora habrá llegado, ella lo habrá decidido así.
No estaba muy seguro de si la muerte ya estaba muerta o no, de si era un alma en pena o un ser por encima de distinciones tan simples como la que separa a los que están vivos de los que no. Si hacía falta morir para ser la muerte, moriría.
Total, a todo el mundo le toca...
Necesitaría también un rostro macabro y aterrador, una mueca que simbolizara el dolor de todas la generaciones que han sufrido a lo largo de la historia. Para ello, pensaría en algo negativo, no sería muy difícil, de hecho, negativo era todo lo que se le venía a la mente en los últimos días, semanas, meses, negativo había sido todo desde el comienzo.
Para qué esperar a la muerte cuando puedes convertirte en ella misma. En cuanto se hiciera con la guadaña saldría de caza y volvería con un par de presas. Su hora habrá llegado, ella lo habrá decidido así.
No estaba muy seguro de si la muerte ya estaba muerta o no, de si era un alma en pena o un ser por encima de distinciones tan simples como la que separa a los que están vivos de los que no. Si hacía falta morir para ser la muerte, moriría.
Total, a todo el mundo le toca...
martes, 13 de febrero de 2007
Filmografía selecta
Fue al cine por casualidad, podríamos decir. Podían haber pasado años desde la última vez que se puso frente a la gran pantalla.
Comenzó la película. El público a su alrededor guardaba silencio, expectante. No tardó mucho en comprobar que el filme era una interpretación de su propia vida. Se observó a sí mismo, como un espectador, desde su nacimiento y su infancia, su vida pasaba delante de sus ojos como les sucede a los que van a morir.
Primero se sintió ultrajado, violado en su intimidad, una vida entregada en bandeja a un público ignorante y protestón. Más tarde comenzó a elaborar fantásticas teorías borgianas según las cuales el final de la película contaría su muerte, tal vez allí mismo, en el cine, tal vez al salir, en cualquier caso llegaría un momento de la línea argumental donde el pasado dejara de ser pasado y pasara a ser momentáneo futuro.
No lo pudo comprobar. Abandonó la sala antes de que la película terminara. Su vida era tan aburrida que entre bostezos y cabezadas apenas había encontrado un par de puntos de interés. El público, sin embargo, no rechistaba. O sus vidas eran más aburridas aún, cosa complicada, o el verdadero placer estaba en husmear las vidas de los demás.
Definitivamente, para las películas que se hacen hoy en día no vale la pena pagar el precio de la entrada.
Comenzó la película. El público a su alrededor guardaba silencio, expectante. No tardó mucho en comprobar que el filme era una interpretación de su propia vida. Se observó a sí mismo, como un espectador, desde su nacimiento y su infancia, su vida pasaba delante de sus ojos como les sucede a los que van a morir.
Primero se sintió ultrajado, violado en su intimidad, una vida entregada en bandeja a un público ignorante y protestón. Más tarde comenzó a elaborar fantásticas teorías borgianas según las cuales el final de la película contaría su muerte, tal vez allí mismo, en el cine, tal vez al salir, en cualquier caso llegaría un momento de la línea argumental donde el pasado dejara de ser pasado y pasara a ser momentáneo futuro.
No lo pudo comprobar. Abandonó la sala antes de que la película terminara. Su vida era tan aburrida que entre bostezos y cabezadas apenas había encontrado un par de puntos de interés. El público, sin embargo, no rechistaba. O sus vidas eran más aburridas aún, cosa complicada, o el verdadero placer estaba en husmear las vidas de los demás.
Definitivamente, para las películas que se hacen hoy en día no vale la pena pagar el precio de la entrada.
lunes, 5 de febrero de 2007
Están ahí
Están por todas partes. Los ves caminando por la calle, esperando el autobús, conduciendo los taxis. Se han introducido en la Administración Pública, ocupan los cargos más importantes del Gobierno, la cúpula de las empresas más influyentes.
No es posible escapar. Nos tienen rodeados y envueltos en una red tan sutil que ni siquiera podemos llegar a imaginar hasta dónde extiende sus tentáculos.
A veces me miro al espejo y busco más allá de mi reflejo. Trato de mirar en mi interior y convencerme a mí mismo de que no es posible, de que no soy uno de ellos. Pero mis vecinos forman parte de su grupo, y el tendero, y los testigos de Jehová que vienen a dialogar conmigo sobre el fin del mundo.
A veces pienso que lo más fácil sería dejarme atrapar por sus garras...
No es posible escapar. Nos tienen rodeados y envueltos en una red tan sutil que ni siquiera podemos llegar a imaginar hasta dónde extiende sus tentáculos.
A veces me miro al espejo y busco más allá de mi reflejo. Trato de mirar en mi interior y convencerme a mí mismo de que no es posible, de que no soy uno de ellos. Pero mis vecinos forman parte de su grupo, y el tendero, y los testigos de Jehová que vienen a dialogar conmigo sobre el fin del mundo.
A veces pienso que lo más fácil sería dejarme atrapar por sus garras...