Cuando los termómetros se situaron por debajo de cero la gente conmenzó a abrigarse. "Será cuestión de esperar a que pase el temporal de frío", pensaron, y encendieron sus calefactores, y se tumbaron en el sofá tapándose convenientemente con una gruesa manta.
Días después la ola de frío no sólo perduraba, sino que las temperaturas habían descendido. Comenzaban a ser necesarias varias mantas y al menos un par de calefactores en cada salón.
Meses después, y ante el continuo recrudecimiento de las temperaturas, que alcanzaban mínimos históricos, comenzaron a suceder cosas extrañas y preocupantes. Se congelaba el agua en las cañerías, en los ríos y en las botellas. A todo el que respiraba se le helaba el aliento nada más salir de su boca, e incluso comenzaron a helarse las lágrimas de los que lloraban de frío. Las lágrimas heladas eran como pequeñas perlas brillantes, y las más hermosas, las que reflejaban mayor número de tonalidades de color, eran utilizadas como piezas de coleccionista y moneda de cambio en transacciones comerciales. No eran muchas estas transacciones, en cualquier caso, pues también se habían congelado los sueldos y, por consiguiente, la economía.
Pasaron años. Hubo a quien se le congelaron las ideas. Si eran buenas, eran expuestas en museos de ideas, para que los demás pudieran contemplarlas y compartirlas. Los frigoríficos pasaron a ser un elemento del pasado, y también los barcos, pues hubo quien llegó patinando desde Londres a Nueva York.
Eran tiempos duros. Pero nadie se quejó, nadie lamentaba las pérdidas, hacía ya tiempo que hasta las lágrimas heladas eran historia, pues ya nadie lloraba.
Se habían helado también los corazones.
jueves, 29 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
Perder es perder
Había perdido tantas cosas en su vida, tantas cosas que había arriesgado, tantas que había puesto en juego; había perdido el contacto con mucha gente, consigo mismo, en ocasiones; había perdido las llaves, no una, ni dos, sino innumerables veces; había perdido un amor; no, varios; no, muchos; no, demasiados; había perdido amigos, y enemigos, había perdido los papeles, y un tornillo que debía encontrarse en su cabeza y que no había podido volver a encontrar.
Había perdido un reino, un mundo, mil vidas; había perdido tanto, tanto tiempo... y tantas, tantas oportunidades que podían haber sido definitivas...; había perdido el norte, el rumbo y la orientación, los había encontrado de casualidad y los había vuelto a perder.
Había perdido mucho. Mucho. Pero todavía le quedaban tantas cosas por perder...
Había perdido un reino, un mundo, mil vidas; había perdido tanto, tanto tiempo... y tantas, tantas oportunidades que podían haber sido definitivas...; había perdido el norte, el rumbo y la orientación, los había encontrado de casualidad y los había vuelto a perder.
Había perdido mucho. Mucho. Pero todavía le quedaban tantas cosas por perder...
miércoles, 21 de noviembre de 2007
El exterior de la caverna
Cuando el mudo salió de la caverna y vio la luz, lloró de alegría ante la contemplación del mundo que se le aparecía, y de impotencia por no poder contarlo a su regreso al interior.
Una vez allí balbuceó, gesticuló, recurrió a la mímica y a las más inverosímiles contorsiones del rostro y del cuerpo, pero no logró ser comprendido.
Cada cierto tiempo salía, y volvía a entrar tan sólo para comprobar qué enorme diferencia había entre el exterior y el triste interior de sombras y penumbras en el que habitaban los demás.
Hasta que el mudo puso por escrito su experiencia. No era fácil de expresar, necesitó mucho tiempo y un esfuerzo sobrehumano, pero cuando concluyó su escrito lo ofreció a todos para su lectura.
El escrito no logró ser comprendido. Todos se rieron de él e incluso hubo quien le reprochó su actitud. "¿Acaso insinúas que no te gusta nuestra compañía?"
Entonces el mudo, una mañana, sin ser visto por nadie, volvió a salir al exterior, y nunca más regresó.
Una vez allí balbuceó, gesticuló, recurrió a la mímica y a las más inverosímiles contorsiones del rostro y del cuerpo, pero no logró ser comprendido.
Cada cierto tiempo salía, y volvía a entrar tan sólo para comprobar qué enorme diferencia había entre el exterior y el triste interior de sombras y penumbras en el que habitaban los demás.
Hasta que el mudo puso por escrito su experiencia. No era fácil de expresar, necesitó mucho tiempo y un esfuerzo sobrehumano, pero cuando concluyó su escrito lo ofreció a todos para su lectura.
El escrito no logró ser comprendido. Todos se rieron de él e incluso hubo quien le reprochó su actitud. "¿Acaso insinúas que no te gusta nuestra compañía?"
Entonces el mudo, una mañana, sin ser visto por nadie, volvió a salir al exterior, y nunca más regresó.
sábado, 17 de noviembre de 2007
Abracadabra
- ¿Qué es la magia? -me preguntaban mientras me veían sacar un conejo de mi chistera. Sonreían y aplaudían, pero seguían preguntando con curiosidad.
- No nos bastan tus demostraciones. Queremos que nos desveles el secreto. ¿Qué es la magia?
Yo les hacía aparecer ramos de flores de los restos de un pañuelo arrugado, les sacaba monedas de detrás de las orejas y adivinaba todas las cartas en las que ellos pensaban. Pero ellos continuaban:
- No nos vale con verla, queremos comprenderla. ¡Queremos que nos digas qué es la magia!
Me introduje en una cabina, cerré la puerta y desaparecí para siempre.
Todavía a lo lejos, en la insustancialidad infinita, les oía preguntarse unos a otros:
- ¿Qué narices será eso de la magia?
- No nos bastan tus demostraciones. Queremos que nos desveles el secreto. ¿Qué es la magia?
Yo les hacía aparecer ramos de flores de los restos de un pañuelo arrugado, les sacaba monedas de detrás de las orejas y adivinaba todas las cartas en las que ellos pensaban. Pero ellos continuaban:
- No nos vale con verla, queremos comprenderla. ¡Queremos que nos digas qué es la magia!
Me introduje en una cabina, cerré la puerta y desaparecí para siempre.
Todavía a lo lejos, en la insustancialidad infinita, les oía preguntarse unos a otros:
- ¿Qué narices será eso de la magia?
domingo, 11 de noviembre de 2007
Una sinfonía en Dolby Surround
Siempre oyó voces en su cabeza. En un principio, cuando niño, pensaba que era algo que le pasaba a todos. Era divertido, como hablar con los amigos sin necesidad de tener a nadie alrededor. La gente le miraba raro, y sus padres resoplaban preocupados.
Cuanto mayor se hacía, más raro le miraban, hasta que llegó a la conclusión de que era posible que los demás no oyeran voces en sus cabezas, o que las oyeran pero a un volumen muy bajito, casi inaudible, o que las hubieran oído hacía tiempo pero ya se hubieran disipado.
Poco importaba. Sus voces eran divertidas, originales y ocurrentes, mucho más que la mayoría de las personas corpóreas. A veces cantaban a coro, como los ángeles, y sonaba tan bonito...; otras veces le aconsejaban, no hagas esto, haz lo otro, no le hagas caso a esta personas, aléjate de esta otra, mata a la de más allá; y a veces, pero muy pocas veces, las voces dirigían sus movimientos y gobernaban sus manos. En esos momentos llegaba a perder la consciencia.
Pero no pasaba nada. Él confiaba en sus voces y siempre despertaba en su habitación, a salvo. Luego era una lata limpiar la ropa manchada de sangre, pero lo hacía con placer si con ello podía gozar de su compañía...
Cuanto mayor se hacía, más raro le miraban, hasta que llegó a la conclusión de que era posible que los demás no oyeran voces en sus cabezas, o que las oyeran pero a un volumen muy bajito, casi inaudible, o que las hubieran oído hacía tiempo pero ya se hubieran disipado.
Poco importaba. Sus voces eran divertidas, originales y ocurrentes, mucho más que la mayoría de las personas corpóreas. A veces cantaban a coro, como los ángeles, y sonaba tan bonito...; otras veces le aconsejaban, no hagas esto, haz lo otro, no le hagas caso a esta personas, aléjate de esta otra, mata a la de más allá; y a veces, pero muy pocas veces, las voces dirigían sus movimientos y gobernaban sus manos. En esos momentos llegaba a perder la consciencia.
Pero no pasaba nada. Él confiaba en sus voces y siempre despertaba en su habitación, a salvo. Luego era una lata limpiar la ropa manchada de sangre, pero lo hacía con placer si con ello podía gozar de su compañía...
martes, 6 de noviembre de 2007
No preguntes a quién maltrata el destino, porque te maltrata a ti
Siempre hay razones para sentirte el ser más desafortunado del mundo.
Puedes obviarlas, volver la cabeza y actuar como si no existieran; o puedes reconocerlas, detectarlas y asumirlas.
En este segundo caso, puedes rebelarte contra esas razones, luchar contra ellas y tratar de vencerlas; o puedes tomarlas como postulados invencibles y entregarte a ellas.
Si has decidido inclinarte por la segunda de estas opciones, puedes clamar al cielo, rasgarte las vestiduras y lamentar haber sido tú precisamente el elegido para sufrir por la fortuna adversa; o puedes consolarte pensando que, en cualquier caso, ser el ser más desafortunado del mundo tampoco es tan malo, que al menos eso supone que alguien, el demiurgo, el creador, el arquitecto de los destinos humanos, quién sea, se ha fijado en ti.
Porque no hay nada peor que pasar desapercibido, o, dicho de otra manera queriendo decir lo mismo, no hay nada peor que ser ignorado. Eso, al menos, dicen algunos, sobre todo los que todavía creen en el destino...
Puedes obviarlas, volver la cabeza y actuar como si no existieran; o puedes reconocerlas, detectarlas y asumirlas.
En este segundo caso, puedes rebelarte contra esas razones, luchar contra ellas y tratar de vencerlas; o puedes tomarlas como postulados invencibles y entregarte a ellas.
Si has decidido inclinarte por la segunda de estas opciones, puedes clamar al cielo, rasgarte las vestiduras y lamentar haber sido tú precisamente el elegido para sufrir por la fortuna adversa; o puedes consolarte pensando que, en cualquier caso, ser el ser más desafortunado del mundo tampoco es tan malo, que al menos eso supone que alguien, el demiurgo, el creador, el arquitecto de los destinos humanos, quién sea, se ha fijado en ti.
Porque no hay nada peor que pasar desapercibido, o, dicho de otra manera queriendo decir lo mismo, no hay nada peor que ser ignorado. Eso, al menos, dicen algunos, sobre todo los que todavía creen en el destino...
viernes, 2 de noviembre de 2007
Y entonces, ¿qué?
La verdad es que no se dieron cuenta de sus problemas de comunicación hasta que estos se hicieron evidentes. "No hay nada más preciado que el silencio", se decían. "Nos entendemos con solo una mirada", y se mostraban orgullosos de su capacidad.
En una ocasión pasaron dos horas frente a frente, a solas, sin decir palabra. En un momento determinado uno pensó que quizá convendría decir algo, pero no logró encontrar nada por lo que realmente mereciera la pena despegar los labios. Luego pensó que tal vez si mirara a la otra persona a los ojos conectarían de inmediato y acabarían aquellos momentos que, ahora lo percibía con claridad, empezaban a resultarle incómodos.
Miró a los ojos que tenía frente a él, en efecto. Y los encontró vacíos como las fauces del averno. Podría haber gritado en su interior y solo le hubiera llegado un eco extinguido de su propia voz.
Entonces, y sólo entonces, comenzó a preocuparse.
Trató de decir algo, pero estaba tan acostumbrado al silencio que sólo surgieron de su garganta unos balbuceos angustiosos, carentes de sentido.
En una ocasión pasaron dos horas frente a frente, a solas, sin decir palabra. En un momento determinado uno pensó que quizá convendría decir algo, pero no logró encontrar nada por lo que realmente mereciera la pena despegar los labios. Luego pensó que tal vez si mirara a la otra persona a los ojos conectarían de inmediato y acabarían aquellos momentos que, ahora lo percibía con claridad, empezaban a resultarle incómodos.
Miró a los ojos que tenía frente a él, en efecto. Y los encontró vacíos como las fauces del averno. Podría haber gritado en su interior y solo le hubiera llegado un eco extinguido de su propia voz.
Entonces, y sólo entonces, comenzó a preocuparse.
Trató de decir algo, pero estaba tan acostumbrado al silencio que sólo surgieron de su garganta unos balbuceos angustiosos, carentes de sentido.