La primera molécula capaz de reproducirse no supo que era la primera hasta que miró a su alrededor. Por allí no había nada, sólo partículas sueltas. En el interior de la sopa primordial se estaba bien, calentito, flotando como en el espacio estelar, o como en el líquido amniótico.
La primera molécula capaz de reproducirse comprendió que precisamente esa capacidad la convertía en especial, que de ella surgirían legiones de moléculas hijas que con el paso del tiempo se desarrollarían y asociarían en organismos más complejos, cada vez más complejos, hasta ser capaces de abandonar el medio acuático, hasta desarrollar niveles de pensamiento y abstracción que para ella eran, es esos momentos, inimaginables.
Imaginó que en cada ser vivo, en cada organismo cuya existencia tuviera lugar en los siguientes millones de años, habría una parte de ella, de aquella partícula primigenia. Se imaginó existiendo durante eras geológicas enteras, conquistando el universo... y se sintió cansada, perezosa. ¿Para qué? ¿Qué sentido tendría todo aquel despliegue?
Así que decidió no reproducirse. Y ya está. Se acabó la historia de la vida en la Tierra. Tal vez el planeta sin vida sería más aburrido, pero seguro que se ahorraba un montón de problemas y preocupaciones...
martes, 29 de abril de 2008
lunes, 21 de abril de 2008
El color del cristal
Una historia nunca es suficiente. Hay que disfrutar varias a la vez. Por eso mantengo tres, cuatro lecturas simultáneas, por eso me gusta ver varias películas consecutivamente, sin detenerme, sin individualizarlas.
Llega un momento, entonces, en el que no recuerdas si aquel tipo enfermo aparecía en una novela o en otra, si la chica rubia te la encontraste en la historia de aventuras o en la peli de ayer, ni siquiera sabes muy bien quién dijo aquella frase que tanto te gustó.
A veces consigo que la realidad se mezcle con la ficción, tal vez aquel tío con gesto de mafioso se cruzó conmigo mientras paseaba y no era el malo de la segunda peli de la tarde, como yo creía. ¿Seguro que fue un colega quien dijo esto, y no el viejo del libro de misterio?
Y en ocasiones, cuando alcanzo el summum de la enajenación, dudo de mi propia vida, y no sé si compré ayer el diario o lo compraba el ganster de la película, si quien hablaba con la chica en el bar era yo o el asesino de la novela policíaca, hasta en ocasiones creo que quien salvó el mundo el otro día era un tipo de cómic con superpoderes, y eso que me recuerdo perfectamente eliminando a mi archienemigo...
Llega un momento, entonces, en el que no recuerdas si aquel tipo enfermo aparecía en una novela o en otra, si la chica rubia te la encontraste en la historia de aventuras o en la peli de ayer, ni siquiera sabes muy bien quién dijo aquella frase que tanto te gustó.
A veces consigo que la realidad se mezcle con la ficción, tal vez aquel tío con gesto de mafioso se cruzó conmigo mientras paseaba y no era el malo de la segunda peli de la tarde, como yo creía. ¿Seguro que fue un colega quien dijo esto, y no el viejo del libro de misterio?
Y en ocasiones, cuando alcanzo el summum de la enajenación, dudo de mi propia vida, y no sé si compré ayer el diario o lo compraba el ganster de la película, si quien hablaba con la chica en el bar era yo o el asesino de la novela policíaca, hasta en ocasiones creo que quien salvó el mundo el otro día era un tipo de cómic con superpoderes, y eso que me recuerdo perfectamente eliminando a mi archienemigo...
lunes, 14 de abril de 2008
Todavía no es el momento
He cerrado los ojos y he dejado que el mundo gire a mi alrededor. He sentido pasar personas, derrumbarse montañas, caer imperios. He comprendido el porqué de todas las cosas, y más tarde he decidido olvidarlo. Me he visto desde la perspectiva de un extraño, alguien ajeno a mí mismo, y he matizado mis virtudes y perdonado mis defectos.
He detenido el tiempo.
Y ahora que conozco lo que me rodea tanto como a mí mismo, ahora que sé lo que ha sido y lo que será, ahora que podría mirar a los demás y verlos desde dimensiones que ellos ni imaginan que existen, ahora he decidido que lo mejor que puedo hacer es seguir con los ojos cerrados.
Podría volver al mundo, dicen que uno no sólo es porque tiene existencia, también es porque comparte esa existencia con los demás. Y ese pensamiento me resulta aterrador. Podría salir, pero todavía no es el momento.
He detenido el tiempo.
Y ahora que conozco lo que me rodea tanto como a mí mismo, ahora que sé lo que ha sido y lo que será, ahora que podría mirar a los demás y verlos desde dimensiones que ellos ni imaginan que existen, ahora he decidido que lo mejor que puedo hacer es seguir con los ojos cerrados.
Podría volver al mundo, dicen que uno no sólo es porque tiene existencia, también es porque comparte esa existencia con los demás. Y ese pensamiento me resulta aterrador. Podría salir, pero todavía no es el momento.
miércoles, 9 de abril de 2008
Esputo
No era más que un estúpido escupitajo que había estado molestándole toda la mañana, agarrándosele a la garganta, dificultando su respiración. Había llegado el momento de expulsarlo y acabar con él. Fue una cuestión de segundos, y el esputo yacía en el suelo, inerme.
Le soprendió verlo teñido de color rojo. Se acercó. Era sangre. No había duda. Comenzó a temer por su salud. De hecho, en aquella simple mancha salivosa había algo más. Algo sólido, del tamaño de una manzana, algo que se movía con marcha regular.
Se asustó. Pensó en algún tipo de enfermedad, de parásito, dedujo que se trataba de una simple alucinación, y sólo cuando descartó todas estas posibilidades, cuando ya no tuvo más remedio, tuvo que aceptar que, lamentablemente, había echado el corazón por la boca...
Le soprendió verlo teñido de color rojo. Se acercó. Era sangre. No había duda. Comenzó a temer por su salud. De hecho, en aquella simple mancha salivosa había algo más. Algo sólido, del tamaño de una manzana, algo que se movía con marcha regular.
Se asustó. Pensó en algún tipo de enfermedad, de parásito, dedujo que se trataba de una simple alucinación, y sólo cuando descartó todas estas posibilidades, cuando ya no tuvo más remedio, tuvo que aceptar que, lamentablemente, había echado el corazón por la boca...
viernes, 4 de abril de 2008
Redes
Uno enciende un teléfono móvil, otro conecta el televisor, o la radio, otro trabaja frente a su ordenador, y todos los aparatos comienzan a emitir ondas, ondas eléctricas, magnéticas, electromagnéticas, ondas de alta frecuencia, o de baja frecuencia, o de frecuencia media, o de frecuencia modulada, o circulando a través de una banda ancha o de una banda estrecha, alámbrica o inalámbrica, el mismo mando a distancia de la tele emite infrarrojos, como el del garaje, o el del coche, y si no son infrarrojos son ultravioletas.
Es la gran red, la red global, invisible, claro. Lo que no impide, no obstante, que haya quien se sienta asfixiado, atrapado, boqueando y debatiéndose como un pez fuera del agua, atrapado, igualmente, por esta red tejida por mentes aún más perversas que la de los simples pescadores...
Y es que la pregunta es: la red global es estupenda, y sin embargo, ¿cómo hago para salir de ella?
Es la gran red, la red global, invisible, claro. Lo que no impide, no obstante, que haya quien se sienta asfixiado, atrapado, boqueando y debatiéndose como un pez fuera del agua, atrapado, igualmente, por esta red tejida por mentes aún más perversas que la de los simples pescadores...
Y es que la pregunta es: la red global es estupenda, y sin embargo, ¿cómo hago para salir de ella?