viernes, 27 de junio de 2008

Yo

Ese va a ser el título de mi autobiografía, sí. A pesar de mis dudas respecto a la calidad y al interés del género autobiográfico, he decidido embarcarme en este proyecto, largamente meditado.
Ahora podría decir que me he inclinado a él porque es motivante, un reto, porque puede ser divertido. Pero no. Probablemente será un tostón. En realidad voy a escribir mi vida sólo para poder matarme al final. Serán tropecientos capítulos aburridísimos sobre mí y un último capítulo, el de mi final, apoteósico, grandioso.
Porque ahora que me voy a convertir en mi propio personaje podré matarme cuando lo crea conveniente, y de la forma que más me guste. Y pueden ustedes asegurar que no será una forma cualquiera de morir, pues he de convertirme, gracias a mi final, en una leyenda.
Lo que no sé muy bien es cuántos capítulos habré de escribir hasta el final. Bah, tampoco demasiados, para no aburrir al lector, y para no aburrirme a mí mismo, claro, que los escritores también se aburren de los personajes.
Estoy deseando acabar ya, acabarlo todo, el capítulo, la novela, la vida de mi personaje, la mía propia. Definitivamente me empieza a gustar el género autobiográfico. Es tan excitante...

miércoles, 25 de junio de 2008

Mi reino no es de este mundo

Llegó el momento en el que había perdido la cuenta de los martinis que llevaba. Eran tres, o cuatro. O más. Un par de horas antes ya había perdido la cuenta de los gintonics. Y a media tarde la de las cervezas. Y sin embargo estaba perfectamente sobrio. Hubiera podido correr los cien metros lisos si se lo hubieran propuesto. O hubiera podido escalar una montaña.
Sin embargo lo que le propusieron fue otro martini. Aceptó.
Tal vez estuviera muerto, y el cielo era eso, una enorme barra de bar indefinidamente surtida. ¿O era el infierno? Tal vez la enajenación le había llevado a separar su mente y su cuerpo, por eso se sentía tan ligero, porque él seguía allí mientras su cuerpo inconsciente trataba de orinar en el baño.
¿Tendría entrañas? Tal vez le había estallado el hígado, como en el cuento de Monzó, y ahora podía beber sin notar las consecuencias. Se palpó. Su hígado parecía seguir en su sitio, trabajando a destajo.
Debía de haber una solución más fácil a su inexplicable sobriedad. Tras unos segundos de meditación, llegó a la conclusión de que unos extraterrestres le habían llevado a algún otro lugar, lejano, cuyas condiciones atmosféricas favorecían sus intenciones de beber sin detenerse. Quedó más tranquilo con esta explicación. Miró a la camarera. Ella sí que parecía de otro mundo. Le sonrió. Le guiñó un ojo. Ella le devolvió la sonrisa, no el guiño.

martes, 17 de junio de 2008

Escepticismo contradictorio

He calculado que sólo creo la mitad de lo que leo. Las palabras reflejan pensamientos, y los pensamientos, en unas ocasiones, son confusos; en otras, mezquinos.
También he calculado que sólo creo el 10% de lo que me dicen. Las palabras son fugaces, efímeras, la mayoría de las veces improvisadas, incoherentes, plagadas de errores en el fondo y en la forma. Un gran número de ellas ni siquiera merece ser tenido en cuenta.
Sin embargo, no me ha hecho falta calcular para concluir que no creo nada, absolutamente nada de lo que escribo. ¿Por qué escribo, entonces?
Probablemente para hacer creer a los demás cosas que no me creo ni yo, como los pequeños diablillos que se te introducen en la conciencia y te susurran barbaridades, o como el genio maligno cartesiano.
"Para hacer creer a los demás cosas que no me creo ni yo"... Esa es también, casualmente, la razón por la que hablo...

lunes, 9 de junio de 2008

El año que vivimos peligrosamente

El año que vivimos peligrosamente corrimos riesgos y salimos ilesos, enfrentamos la realidad y terminamos superándola, caminamos paso a paso, siempre hacia adelante, hasta dejar el horizonte a nuestras espaldas.
El año que vivimos peligrosamente no nos importaron los infortunios, ni los obstáculos, que sobrepasamos con energía en mil ocasiones, y otras mil hubieran sido si las hubiéramos necesitado.
Aquel año nos rencontramos a nosotros mismos para darnos cuenta de que no éramos aquellos que siempre habíamos creído ser. Cambiamos de vida al tiempo que la vida nos cambiaba a nosotros, nos apoderamos del mundo sometiéndonos a su impredecible azar, cerramos los ojos y cuando los abrimos éramos como dioses.
El año que vivimos peligrosamente todavía está por llegar. Ya se le observa, acercándose. Ya casi lo tenemos aquí...

lunes, 2 de junio de 2008

En el fondo del mar, matarile, rile, rile...

Si quisiera guardar algo muy, muy bien, tan bien que nunca jamás pudiera encontrarlo, lo guardaría en el fondo del mar, bien profundo, en una fosa abisal, recubierto de la inconmensurable masa de agua salada y protegido por la soledad y la oscuridad.
Pero también haría lo mismo si quisiera deshacerme de algo, enviarlo lejos, tan lejos que nunca pudiera volver a encontrármelo. ¿Cómo va a escapar algo del fondo del mar? Allí, tan profundo, en una inmensidad como una enorme prisión líquida...
Allí tengo mi alma, en el fondo del mar. No sé muy bien si para protegerla de los demás, o para alejarme de ella y no volver a correr el riesgo de encontrármela de frente...