lunes, 22 de septiembre de 2008

El orden de los factores

¿Y qué pasaría si empezáramos por el final y termináramos por el principio? Para empezar, el final perdería emoción, pues lo conoceríamos nada más empezar. El principio, sin embargo, adquiriría un encanto especial. Es más, me atrevo a suponer que se despertaría nuestra curiosidad, que andaríamos a menudo preguntándonos cómo comenzó aquello cuyo final ya conocemos por habérsenos revelado al principio.
De modo que si todo comenzara por el final y terminara por el principio nuestras vidas, y los intereses que de ella se derivan, serían diferentes. Seríamos menos pragmáticos, pienso, y nos preocuparíamos menos por los efectos que por las causas, no por ninguna razón en especial, tan sólo porque conoceríamos, indefectiblemente, antes los efectos que sus causas, y esa curiosidad a la que me refería antes, esa inquietud propia del espíritu humano, se inclinaría con mayor fuerza por lo desconocido que por lo ya conocido.
Luego, en realidad, nos importan poco cuáles sean las causas y cuáles los efectos. Lo que nos importa, realmente, es conocer lo que nos quede por conocer, es decir, lo que venga después.
Es, de este modo, el orden de los factores lo que importa, y no los factores en sí mismos, que, normalmente, a nadie le importan un pimiento...