lunes, 20 de octubre de 2008

A contrarreloj

Decidió que su opción era la huida hacia delante, aun a sabiendas de que era la opción equivocada. Así que agachó la cabeza y dio un paso al frente, y luego otro, y otro...
Pensó que terminaría por cansarse, que la fatiga se acumularía por el continuo avance y le obligaría a detenerse, pero no fue así. Sólo miraba la punta de sus zapatos que, allí en el suelo, aparecían y desaparecían alternativamente bajo sus piernas. No se trataba de llegar a ningún sitio, sólo de seguir.
Así se caminó su vida de principio a fin. Anduvo más que nadie, llegó más lejos, subió más alto, y sin embargo nunca disfrutó de sus logros, nunca levantó las manos en señal de triunfo, sencillamente porque la prueba a la que se enfrentaba no consistía en cubrir la mayor distancia, sino en vencer al tiempo que, inexorable, iba desgranando, paso a paso, su reloj de arena.
En algún momento, al menos, pudo admitir que, solventando obstáculos, logró olvidar que los minutos iban extinguiéndosele. Pero, en definitiva, en esa carrera, en la carrera contra el reloj, fue incapaz de vencer.