domingo, 5 de octubre de 2008

Las puertas de la percepción

Qué ganas tengo de abrir una puerta al Inframundo, una de esas puertas místicas que me pongan en contacto con los seres que habitan más allá de nuestra percepción, a ver si pueden confirmarme que esos otros niveles de conciencia son igual de pobres que este, que en el fondo no hay gran cosa, ni aquí ni allá, que merezca la pena, porque lo que pienso hacer en ese caso es dejar la puerta abierta y quitarme de en medio, desaparecer, poner pies en polvorosa y si te he visto no me acuerdo, y que por la puerta penetren espíritus del más allá que creen en el más acá caos y desesperación, y que todos se sometan de nuevo a los dioses antediluvianos que allí habitan, todos arrodillados ante Cthulhu, o ante Astarté, o ante los siete Annunaki, qué bien me lo pasaría observando desde la distancia y sabiendo que, en el fondo, yo he sido la causa y el agente.
Aunque para ello tuviera que perder para siempre mi alma, ese alma, que, en el fondo, siempre me ha sido tan ajena...