lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Dónde quedaron aquellos tiempos felices?

Se lo preguntó sin meditarlo, porque en aquel momento sintió que, simplemente, tenía que preguntarlo, de ese modo en el que se plantean las cuestiones más sinceras. Podrían haber estado hablando del pasado, o de la situación política, o de la economía, o del clima, o a lo mejor estaban tan sólo comentando el partido del sábado. En realidad, poco importaba. Cuando una idea quiere aparecer, especialmente si esa idea es recurrente y si su aparición consciente no es más que un producto de una larga elaboración subconsciente, esa idea, finalmente, aparece. Por eso preguntó, sin dirigirle la mirada, lanzando las palabras al aire:
- ¿Dónde quedaron aquellos tiempos felices?
Y en el aire quedaron, suspendidas durante unos segundos. Hasta que el otro las recogió:
- ¿Los tiempos felices? ¿Qué tiempos felices? Los tiempos felices no existieron nunca. Tal vez tú imaginas ahora que fueron felices, pero no, no lo fueron. Si quieres, puedes imaginarte que son felices los tiempos actuales, y problema solucionado.
También esta respuesta quedó flotando en el aire, y esta vez nadie la recogió, y sus componentes comenzaron a mezclarse, a retorcerse en la ingravidez, a dibujar imágenes de ensueño en arabescos imposibles...