lunes, 1 de diciembre de 2008

Una de odio, por favor

El tío lo odiaba todo, me dijo. Todo y a todos, básicamente, decía, porque todos le odiaban a él. Todos le miraban, y alguno hasta le sonreía, pero todos le odiaban en el fondo, y en el fondo actuaban con recelo ante él, y le deseaban lo peor, le odiaba la gente y le odiaba el mundo que le obligaba a despertarse cada mañana y ver el estúpido sol y luego la estúpida luna, o la lluvia repugnante con sus repelentes nubes, y esa naturaleza soberbia y engreída con sus delirios de grandeza, como el mar, una enorme mole de líquido lelo y torpón.
Así que el tío opinaba que todos deberían dejarle en paz, que eso era lo único que él quería.
Yo, personalmente, me preguntaba algo así como lo de la gallina y el huevo, ¿no?, esto es, si él odiaba el mundo porque el mundo le odiaba o al revés, si primero fue él y el mundo reaccionó con un odio similar al que él generaba, digamos "como método de defensa".
Bah, en realidad el tío era un pringao. Reconozco que llegué a odiarlo, tanto decir tonterías sin parar y tanto rollo victimista, así que en el fondo igual tenía razón y todos le miraban mal. Normal.
Y bueno, qué, yo también odio todo lo que me rodea, todo y a todos, sólo que procuro que no se me note...