Pues ha sido una constante a lo largo de la historia, valga la paradoja, eso de encontrar pensadores y eruditos del tema que preveían, atisbaban y profetizaban un final de la historia, normalmente a plazo más bien corto.
Cada uno lo llamaba como quería, o como podía, que si la Nueva Edad Dorada, que si la Era de Acuario, que si la Parousía o el Nuevo Advenimiento, que si el fin de la sociedad de clases, que si el encuentro del hombre con el Espíritu, o con el Absoluto, o como sea, pero en el fondo todos deseaban lo mismo: que la historia cesase su transcurrir.
Supongo que algo tan impredecible como el devenir de los acontecimientos mundiales a gran escala termina por agobiar a las mentes racionales y científicas que disfrutan clasificando las conclusiones y analizándolas sabiendo que no van a pillarse los dedos.
De modo que todos los Hegel, los Marx, todos los religiosos judeocristianos desde los profetas veterotestamentarios hasta San Agustín o Bossuet, todos los apocalípticos de las guerras mundiales como Adorno y todos los optimistas del capitalismo liberal como el amigo Fukuyama han tropezado en la misma piedra, y el tiempo se ha encargado, se está encargando o parece que se encargará de tragárselos, a ellos y a sus teorías, y hacerlas quedar para la historia, como combustible de esa maquinaria que precisamente ellos trataron de detener.
Últimamente estoy intuyendo que el fin de la historia sólo tendrá lugar cuando bajen los extraterrestres de una vez, o cuando nos destruyamos entre nosotros. De lo contrario continuaremos languideciendo tristemente como especie, como civilización y, lo que es más triste, como individuos...
lunes, 29 de septiembre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
El orden de los factores
¿Y qué pasaría si empezáramos por el final y termináramos por el principio? Para empezar, el final perdería emoción, pues lo conoceríamos nada más empezar. El principio, sin embargo, adquiriría un encanto especial. Es más, me atrevo a suponer que se despertaría nuestra curiosidad, que andaríamos a menudo preguntándonos cómo comenzó aquello cuyo final ya conocemos por habérsenos revelado al principio.
De modo que si todo comenzara por el final y terminara por el principio nuestras vidas, y los intereses que de ella se derivan, serían diferentes. Seríamos menos pragmáticos, pienso, y nos preocuparíamos menos por los efectos que por las causas, no por ninguna razón en especial, tan sólo porque conoceríamos, indefectiblemente, antes los efectos que sus causas, y esa curiosidad a la que me refería antes, esa inquietud propia del espíritu humano, se inclinaría con mayor fuerza por lo desconocido que por lo ya conocido.
Luego, en realidad, nos importan poco cuáles sean las causas y cuáles los efectos. Lo que nos importa, realmente, es conocer lo que nos quede por conocer, es decir, lo que venga después.
Es, de este modo, el orden de los factores lo que importa, y no los factores en sí mismos, que, normalmente, a nadie le importan un pimiento...
De modo que si todo comenzara por el final y terminara por el principio nuestras vidas, y los intereses que de ella se derivan, serían diferentes. Seríamos menos pragmáticos, pienso, y nos preocuparíamos menos por los efectos que por las causas, no por ninguna razón en especial, tan sólo porque conoceríamos, indefectiblemente, antes los efectos que sus causas, y esa curiosidad a la que me refería antes, esa inquietud propia del espíritu humano, se inclinaría con mayor fuerza por lo desconocido que por lo ya conocido.
Luego, en realidad, nos importan poco cuáles sean las causas y cuáles los efectos. Lo que nos importa, realmente, es conocer lo que nos quede por conocer, es decir, lo que venga después.
Es, de este modo, el orden de los factores lo que importa, y no los factores en sí mismos, que, normalmente, a nadie le importan un pimiento...
lunes, 15 de septiembre de 2008
Todo lo que puedas pensar por ti mismo ya fue pensado por Borges hace ochenta años
Cuenta Borges que se encontró con un anciano que se encontraba sentado en un parque, y que conversó con él lo suficiente como para llegar a la conclusión de que se trataba de él mismo, del propio Borges, ya en los últimos años de su vida.
No creo que nadie tenga preparadas las preguntas que hacer en el caso de encontrarse a sí mismo cincuenta años mayor, de modo que el propio Borges inició, más que un interrogatorio, una conversación de viejos amigos. Recuerdo una frase: "te vas a quedar ciego", y un consuelo: "en realidad, la ceguera no es tan mala".
Un servidor no tiene la menor intención de cumplir nunca ochenta años, así que difícilmente podría encontrarme con mi yo de dentro de cincuenta años. A no ser, claro, que se tratara de una proyección lógica de aquello que nunca será pero que podría haber sido, aunque no creo que fuera eso lo que imaginó Borges en su experiencia, o sí, quién sabe, precisamente ese toque de inefabilidad es lo que convierte a Borges en alguien especial.
Eso sí, me daría miedo preguntar nada. No es que no me interese mi futuro, de hecho estaría encantado conociendo la fecha de mi muerte, pero ochenta años son tantos años, y es tiempo más que suficiente para cometer tantos errores de los que arrepentirse...
- ¿Y usted qué tal, abuelo?
- Pues nada, sobreviviendo...
- Como todos, abuelo. Todos somos supervivientes hasta que dejamos de serlo. En realidad, sobrevivir tampoco tiene tanto mérito, y, de hecho, tampoco es algo tan "deseable", si lo piensas bien...
No creo que nadie tenga preparadas las preguntas que hacer en el caso de encontrarse a sí mismo cincuenta años mayor, de modo que el propio Borges inició, más que un interrogatorio, una conversación de viejos amigos. Recuerdo una frase: "te vas a quedar ciego", y un consuelo: "en realidad, la ceguera no es tan mala".
Un servidor no tiene la menor intención de cumplir nunca ochenta años, así que difícilmente podría encontrarme con mi yo de dentro de cincuenta años. A no ser, claro, que se tratara de una proyección lógica de aquello que nunca será pero que podría haber sido, aunque no creo que fuera eso lo que imaginó Borges en su experiencia, o sí, quién sabe, precisamente ese toque de inefabilidad es lo que convierte a Borges en alguien especial.
Eso sí, me daría miedo preguntar nada. No es que no me interese mi futuro, de hecho estaría encantado conociendo la fecha de mi muerte, pero ochenta años son tantos años, y es tiempo más que suficiente para cometer tantos errores de los que arrepentirse...
- ¿Y usted qué tal, abuelo?
- Pues nada, sobreviviendo...
- Como todos, abuelo. Todos somos supervivientes hasta que dejamos de serlo. En realidad, sobrevivir tampoco tiene tanto mérito, y, de hecho, tampoco es algo tan "deseable", si lo piensas bien...
viernes, 12 de septiembre de 2008
Viaje espacial
Creo que estoy preparado para flotar en el aire ingrávido del espacio exterior. Probablemente lo he estado siempre, pero no es algo que uno sepa, claro, hasta que no cae en ello y lo intenta.
Y no sólo eso, sino que creo que voy a intentar trasladarme, ya se sabe que en el espacio exterior el tiempo transcurre de forma diferente, y saltar de estrella en estrella, de asteroide en asteroide, soplando el polvo que dejan los cometas a su paso, huyendo de la basura espacial y contemplando las fantásticas construcciones que conforman las galaxias.
He de tener cuidado y estar alerta, no obstante. La pérdida de la Tierra como punto de referencia tendría consecuencias catastróficas. Podría acabar desorientado en una extensión infinita, quizá nunca volvería a encontrar mi planeta.
Aunque, bien mirado, tampoco importaría tanto. En realidad he pasado más tiempo de mi vida en la Luna que con los pies posados firmemente en la tierra...
Y no sólo eso, sino que creo que voy a intentar trasladarme, ya se sabe que en el espacio exterior el tiempo transcurre de forma diferente, y saltar de estrella en estrella, de asteroide en asteroide, soplando el polvo que dejan los cometas a su paso, huyendo de la basura espacial y contemplando las fantásticas construcciones que conforman las galaxias.
He de tener cuidado y estar alerta, no obstante. La pérdida de la Tierra como punto de referencia tendría consecuencias catastróficas. Podría acabar desorientado en una extensión infinita, quizá nunca volvería a encontrar mi planeta.
Aunque, bien mirado, tampoco importaría tanto. En realidad he pasado más tiempo de mi vida en la Luna que con los pies posados firmemente en la tierra...
lunes, 8 de septiembre de 2008
Desaparición
Quiso saber por qué tanta gente había desaparecido de su vida. Indagó, meditó, sacó sus propias conclusiones, extrajo sus propias hipótesis. Cada noche imaginaba las posibles razones, trataba de crear un destino distinto para cada uno de los desaparecidos. Al no poder confirmarlos, nuevos destinos, con sus nuevas causas, surgían a la noche siguiente y se añadían a los anteriores.
Un tiempo después los desaparecidos habían aumentado, las hipótesis sobre estas desapariciones eran infinitas, y él había dejado de dormir por las noches para progresar en sus teorías.
Y el caso es que, por más que meditara sobre ello, siempre había alguien que, periódicamente, desaparecía para no volver.
Un día, al despertar de un sueño intranquilo, se le ocurrió que quizá los demás no habían desaparecido de su vida, sino que había sido él, con su actitud, quien había desaparecido de las vidas de los demás. Aquella era un hipótesis verdaderamente revolucionaria, mucho más innovadora que las hipótesis que se le habían ocurrido hasta aquel momento. Se prometió a sí mismo que aquella noche reflexionaría sobre ella, y si merecía la pena la archivaría junto al resto de hipótesis verosímiles.
Un tiempo después los desaparecidos habían aumentado, las hipótesis sobre estas desapariciones eran infinitas, y él había dejado de dormir por las noches para progresar en sus teorías.
Y el caso es que, por más que meditara sobre ello, siempre había alguien que, periódicamente, desaparecía para no volver.
Un día, al despertar de un sueño intranquilo, se le ocurrió que quizá los demás no habían desaparecido de su vida, sino que había sido él, con su actitud, quien había desaparecido de las vidas de los demás. Aquella era un hipótesis verdaderamente revolucionaria, mucho más innovadora que las hipótesis que se le habían ocurrido hasta aquel momento. Se prometió a sí mismo que aquella noche reflexionaría sobre ella, y si merecía la pena la archivaría junto al resto de hipótesis verosímiles.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Al otro lado de los sueños
Se quedó dormido mientras leía. No era la primera vez que le sucedía, pero en aquella ocasión las últimas palabras que había recogido de su lectura comenzaron a bailar en su mente, a fermentar mientras el sueño le vencía.
Lo normal hubiera sido verlas desvanecerse con el tiempo, pero no fue así. El personaje del libro no cesó de vivir, no detuvo su historia mientras el lector dormía, sino que continuó desarrollándose en la imaginación de este. Se sucedieron los episodios, las anécdotas, las conversaciones, las ideas...
Al despertar, volvió corriendo a su libro. Pero aquello no era lo que había soñado. El personaje, a partir de entonces, se convirtió en algo aburrido, predecible, insulso. Hasta que decidió tirar el libro a la basura y regresar al mundo de los sueños. Tal vez después se decidiera a escribir lo que había soñado. Eso sí que sería realmente interesante.
Tal vez las mejores historias están en los sueños, y los mejores sueños reposando en anaqueles en forma de libros que fueron olvidados después de ser soñados...
Lo normal hubiera sido verlas desvanecerse con el tiempo, pero no fue así. El personaje del libro no cesó de vivir, no detuvo su historia mientras el lector dormía, sino que continuó desarrollándose en la imaginación de este. Se sucedieron los episodios, las anécdotas, las conversaciones, las ideas...
Al despertar, volvió corriendo a su libro. Pero aquello no era lo que había soñado. El personaje, a partir de entonces, se convirtió en algo aburrido, predecible, insulso. Hasta que decidió tirar el libro a la basura y regresar al mundo de los sueños. Tal vez después se decidiera a escribir lo que había soñado. Eso sí que sería realmente interesante.
Tal vez las mejores historias están en los sueños, y los mejores sueños reposando en anaqueles en forma de libros que fueron olvidados después de ser soñados...
lunes, 1 de septiembre de 2008
Arte revolucionario
Cuando le conocí estaba entusiasmado. Blandía en sus manos unas hojas de papel en las que aseguraba que había encontrado la esencia del arte, una nueva idea que revolucionaría el mundo, un nuevo concepto del arte con mayúsculas, novedoso y excitante. Cuando el mundo conociera su idea, decía, se entregaría a ella sin condiciones, tal era su poder de seducción, no en vano escribir aquellas hojas le había llevado toda una vida de pensamientos desechados, borrones y tachones, bolas de papel arrojadas a la papelera. Pero todo había valido la pena. Cambiaría el mundo, y la sensación que esto produce ha de ser indescriptible...
No volví a verle. En realidad sólo volví a oír hablar de él de pasada, mucho tiempo después. Me dijeron que había muerto. Por lo visto intentó vender su idea, anduvo de aquí para allá exponiéndola con la misma decisión con la que lo había hecho conmigo. Unos se rieron de él, otros le arrojaron lejos de su vista, otros simplemente prefirieron ignorarle. Murió tan insignificantemente como había vivido.
Me pregunto dónde estarán ahora aquellas hojas de papel...
No volví a verle. En realidad sólo volví a oír hablar de él de pasada, mucho tiempo después. Me dijeron que había muerto. Por lo visto intentó vender su idea, anduvo de aquí para allá exponiéndola con la misma decisión con la que lo había hecho conmigo. Unos se rieron de él, otros le arrojaron lejos de su vista, otros simplemente prefirieron ignorarle. Murió tan insignificantemente como había vivido.
Me pregunto dónde estarán ahora aquellas hojas de papel...