Que si la sucesión de Fibonacci, que si el número φ, es decir, la proporción áurea a la que tienden los cocientes de dos números consecutivos de la susodicha sucesión, que si el hombre de Vitrubio, que si los patrones modélicos se esconden tras los números y se manifiestan en la naturaleza... La verdad es que estaría bien que todo se rigiera según un orden determinado, y estaría mucho mejor si el hombre llegara a conocerlo, a cuantificarlo mediante una fórmula.
Lástima que ni el propio ser humano responda a las condiciones de simetría y proporcionalidad que han intentado asignarle. No, al menos, en su constitución interna...
Siempre me he preguntado por qué, más allá de una funcionalidad a posteriori o del puro azar, las vísceras humanas se disponen de forma asimétrica. Y por qué, sin ir más lejos, el corazón late en el ala izquierda del pecho.
Aunque una vez conocí a un tipo que tenía el corazón en el lado derecho, es decir, dos tercios a la derecha del plano medio y un tercio a la izquierda. Y tampoco pasaba nada. ¿Notarían ustedes alguna diferencia si el corazón les latiera en el costado derecho? Yo creo que no la notaría ni aunque dejara de latir...
El tipo aquel no tenía problema alguno con su corazón, hasta que repentinamente empezó a latir con velocidad creciente, más y más creciente, hasta que estalló, y entonces se acabó todo. Luego descubrieron que la proporción en la que los latidos intensificaron su frecuencia era equivalente al aumento de las cantidades en la sucesión de Fibonacci. Qué paradoja...
miércoles, 11 de febrero de 2009