sábado, 28 de febrero de 2009

El porqué de todas las cosas

"¿Por qué?" es siempre la pregunta más difícil de contestar. Uno puede decir el qué, sobre todo si el qué es aceptable. El qué, en cualquier caso, es la pregunta por la objetividad. También puede comentar el quién, o el cuál, sujetos señalables de una acción determinada. Por supuesto que podrá comentar el cómo, o el cuándo, o el dónde, circunstancias concretas que giran alrededor del hecho.
Pero preguntarse por el porqué es preguntar por las causas últimas, es rastrear en el interior de uno mismo y de los demás, es tratar de comprender el mundo y el universo en que se engloba.
Por eso tiene tanto mérito preguntar siempre el porqué, por eso molesta tanto que te lo estén preguntando constantemente, por eso hay quien decide no plantearse las causas de nada. ¿Que por qué lo hacen? Imaginen...
Ahora bien, hay otra pregunta que aún se yergue más temible ante los ojos de la mente inquieta. El para qué. Y es que las causas miran al pasado, y preguntar por ellas es conocer los mecanismos de funcionamiento de la realidad; pero la finalidad mira al futuro, y adentrarse en sus galerías sería algo así como pretender dar un paseo por el más alla.
Porque lo pasado, pasado está, y generar un interés por conocerlo no pasa de la mera curiosidad. Pero conocer el futuro es tener la capacidad para cambiarlo...