jueves, 12 de marzo de 2009

El color del cristal

Dejémonos de bobadas, y admitamos que todo es relativo. No existen las verdades, las certezas. No existe, por supuesto, la Verdad, esa Verdad Absoluta que muchos pretenden encontrar.
Otra cuestión es si merece la pena buscarla. Buscar algo que no existe puede ser agotador a largo plazo, desde luego, pero al mismo tiempo puede traer consecuencias beneficiosas.
No existe el bien ni el mal, la luz ni la oscuridad, la vida ni la muerte, sólo existe aquello que nosotros, y otros como nosotros, creemos que son el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte.
No existe el tiempo y el espacio más allá de nosotros, del mismo modo que no existe el universo más que porque nosotros creemos que existe.
Cada uno tiñe la realidad del color que cree más conveniente. Tal vez por eso tardé tanto en darme cuenta de que ese contorno gris ceniciento que rodeaba todo lo que yo percibía estaba más dentro de mí que en el exterior.
Tampoco tiene mucho sentido teñir el mundo de rosa.
Últimamente, el gris ceniciento está pasando a negro. O eso, o estoy perdiendo el sentido de la vista. No puedo preguntarle a los demás, apenas me responden con balbuceos infantiles.
No existe la luz ni la oscuridad, deduje hace un momento. Entonces este negro profundo debió de existir siempre.
O no existir nunca.
Dejémonos de bobadas, y admitamos que nada ha existido nunca...