El problema de despertar y encontrarte rodeado de un entorno de un brillante y absoluto color blanco es que el horizonte se pierde, se difumina, pues tan blanco es lo que ves mirando al cielo como al suelo. Se pierde el punto de referencia y las distancias dejan de existir, nada está lejos, nada está cerca, nada está realmente, pues los objetos también parecen haberse teñido del color de las nubes.
Si despiertas en el interior de un mar de blancura lo más normal es que no sepas si estás en el exterior o en una habitación, e incluso tal vez te empieces a preguntarte si estás en realidad en el mundo o en tus propios pensamientos. ¿Y si la mente fuera así, luminoso e inmaculado blanco radiante?
El verdadero problema de despertar en blanco, de creer que el mundo sigue existiendo y no ser capaz de distinguirlo, es que puede que empieces por creer que la niebla se ha extendido por la Tierra, que toneladas de confusión nublan tu mente, que todo ha dejado de existir, y termines por dudar de ti mismo. Crees que existes, pero ¿y si la muerte fuera eso, un mar blanco de eterno silencio e imperceptible infinitud?
domingo, 29 de marzo de 2009