domingo, 26 de abril de 2009

Como burbujas en una lavadora

En realidad creo que las burbujas representan lo etéreo, lo intangible, lo efímero. Esa capacidad para flotar en el aire sin esfuerzo, para dejarse llevar de un lado a otro, para subir a la superficie de los líquidos como el cadáver de un náufrago en el mar. Su fragilidad y su gracia, su perfecta forma esférica.
Me atrevería a decir que la burbuja representa todo lo que querríamos ser, aunque no nos atrevamos a admitirlo. Para Pitágoras Dios tenía forma de esfera, esto es, la forma geométrica de la perfección por antonomasia. ¿Acaso las esferas no se comunican a través de la música?
Si tuviera que volver a nacer, elegiría ser una burbuja en una copa de champán, o mejor una pompa de jabón que, del tamaño de dos campos de fútbol y fruto de una alucinación colectiva, sobrevolara Siberia en primavera. Entonces me confundirían con una nave espacial extraterrestre, y saldría en fotos de dudosa veracidad, y desaparecería con un "plop" inesperado dejando tras de mí dudas, angustias e hipótesis.
O ser simplemente una burbuja de detergente en el interior de una lavadora en prelavado. Me observarían a través del plástico transparente como quien observa un universo en el interior de un bote de pintura, como quien trata de encontrar el sentido de la vida en un cuadro de Max Ernst.