Según la tradición el Kagmid nace en las cimas más altas del Himalaya, y su vida consiste en una continua peregrinación en busca del mar, en el que se sumergen al llegar hasta morir ahogados en sus profundidades y desaparecer en las fosas abisales. Según Tadmahi, asceta brahmánico del siglo VI a.C., el Golfo de Bengala es una concesión hecha por el dios Brahma a los Kagmid para facilitarles su acceso a las aguas.
De tamaño no superior a una liebre y cuerpo plano, el Kagmid posee doce pequeños pies que mueve con dificultad, de ahí su lento peregrinar. Se alimenta de seres humanos, a los cuales devora desde los tobillos, sobre los que se lanzan con avidez. Ser presa de un Kagmid es considerado un honor, y aún hay quien pasa su vida en busca de uno de ellos para inmolarse y dar un salto cualitativo, de este modo, en la rueda de la vida.
miércoles, 6 de mayo de 2009