domingo, 24 de mayo de 2009

En torno a la libertad

- Quiero irme de aquí.
- Vete, pues.
- No puedo.
- ¿No eres libre, acaso?
- Claro que soy libre.
- Entonces, vete.
- Es que decidí venir, y ahora tengo que quedarme hasta que todo acabe. No puedo dejar las cosas a medias.
- Luego renunciaste a tu libertad cuando decidiste venir.
- Pero decidí venir libremente. ¿Acaso no puede uno renunciar a su libertad? ¿No es esa precisamente una prueba de que tal libertad existe?
- Como mucho, sería una prueba de que tal libertad existía. Si eliges terminar algo, si esa elección te ha condicionado hasta el punto de no poder volver atrás si así lo deseas, has dejado de ser libre.
- ¿Quién es libre, entonces? ¿Quién puede renunciar a los compromisos adquiridos?
- Buena pregunta. Nadie, en efecto. Tal vez ahí radique el quid de la cuestión. O tal vez sí que sea posible renunciar, pero el precio a pagar es muy alto, para empezar la envidia o la incomprensión de quienes eligieron no renunciar.
- Pero los que eligieron no renunciar son libres, ¿no? Quiero decir, si se produce esa elección...
- Llega un momento en la vida en el que intentar ser libre no es tan importante como creer serlo. Lo primero te lleva a la desesperación, a la impotencia; lo segundo, sin embargo, te anima a sobrevivir.
- Pero, ¿merece la pena vivir así?
- Esa es otra buena pregunta, cuya respuesta casi es mejor no encontrar.