Tras mucho pensarlo, sigo sin saber muy bien si es mejor entrar en la historia o ser capaz de modificarla. El gozo de quien entra en la historia es el gozo del héroe, pura energía y vitalidad, grande por sus actos; el gozo de quien la modifica, por el contrario, es el gozo de Dios, la satisfacción del ser taimado que se siente superior y mueve sus piezas de ajedrez sobre el tablero del mundo.
En realidad, a veces es realmente divertido tomarse la Historia como si fuera una historia, esto es, como una sucesión de hechos verosímiles cuya versión real desconocemos absolutamente, pues todo hecho es inevitablemente modificado tras pasar por el filtro de una mente humana. Cojan cualquier hecho, cualquier suceso, y pídanle a distintas personas que lo describan y, si quieren ya rizar el rizo, que lo valoren. Lo que obtendrán serán tantas historias diferentes como personas interrogadas.
De modo que he inventado un plan para modificar la historia. No cambiando las frases de los libros que haya sobre el tema, como el protagonista de la "Historia del cerco de Lisboa" de Saramago, aunque reconozco que eso también debe provocar cierta sensación de prohibida omnipotencia, sino inventando un hecho. O mejor, un personaje.
Le creamos una imagen, un nombre, unas características que le definan. Le situamos en un entorno concreto, y decimos: "fulanito estuvo aquí, y aquí, e hizo esto y esto otro". Si repetimos la historia a mil personas, cada una de las cuales se la cuente a otras mil, y si conseguimos que la cadena no se rompa llegará un momento en el que dicho personaje deambule entre la realidad y ficción, en el mundo de la leyenda.
Y cuando alguien entra en la leyenda, puede empezar a considerarse parte de la historia.
¡Qué placer sería ver, recostados en nuestro sofá, como todo un mundo de cándidos ingenuos cree a pies juntillas en algo inventado por nosotros!
Y cuando nuestro bulo aparezca en los libros de Historia, habremos contribuido, como hicieron muchos antes que nosotros, a construir la gran historia de nuestro mundo. Una historia de ficción, en definitiva.
Así que les recomiendo que se acerquen a la Historia, sí, como a los periódicos, o a los telediarios, con el mismo afán de pasar un buen rato con el que se acercan a una novela o a una película. Y poco más, que el resto, quizá, sea mentira...
jueves, 4 de junio de 2009