domingo, 19 de julio de 2009

La insoportable levedad de la contemporaneidad

La paradoja de calificar algo como "contemporáneo" radica precisamente en que, o la misma calificación es contemporánea, esto es, casual, liviana, temporal, o terminará por quedar anacrónica.
Algo contemporáneo es algo ineludiblemente ligado al presente, un presente concreto, un modelo de presente que, como todos los modelos de presente, es etéreo y efímero.
El presente es como el dolor existencial: nunca deja de existir, pero nunca es el mismo.
¿Y qué pasará, en definitiva, cuando algo contemporáneo, pongamos por caso el arte contemporáneo, deje de ser contemporáneo y pase a formar parte de la historia de lo que fue y no volvera a ser? ¿Se le seguirá llamando contemporáneo? ¿Y qué nombre recibirá entonces el nuevo arte, el que en aquel momento sea el verdaderamente contemporáneo?
Desde luego, la imaginación humana parece no tener límites cuando de etiquetar se trata. Aunque el contenido de las etiquetas pierda absolutamente su sentido.
Como el modernismo dejó de ser "moderno", sin ir más lejos, alguien inventó el término "posmodernismo", y ya está. Solucionado.
¿Estamos, por tanto, a las puertas de la poscontemporaneidad, término que etimológicamente nos evoca el futuro, lo por venir?
Habrá que empezar a preguntarse cómo sera lo poscontemporáneo, especialmente cuando lo tengamos delante y no en las películas de ciencia-ficción...