lunes, 24 de agosto de 2009

¿Qué harías si mil zombies corrieran hacia ti como desesperados con la intención de devorarte?

Los vi. Sus contornos se dibujaban en el tenue horizonte nocturno. Eran cientos, miles de zombies hambrientos que venían a por mí. Fue tan sólo durante unos instantes. Me agaché y presentí que uno de ellos iba a saltar sobre mí, que iban a salir de entre los matorrales como sangre que brotase de una herida.
Luego vi la zanja, traté de pasar sobre ella de un salto pero terminé tropezando y evitando besar el suelo de puro milagro. Me incorporé pensando en echar a correr pero ellos se habían ido.
Los presentimientos pueden llegar a ser muy reales.
Ahora pienso que la noche no cesó un solo segundo de permanecer en calma, que la brisa movía la vegetación e invitaba a pensar en cuerpos acercándose, que he visto demasiadas veces 28 semanas después.
Pero también es verdad que la próxima vez que vea un millar de zombies hambrientos corriendo hacia mí tengo que hacer algo más que agacharme y tropezar en una zanja.
Porque, y si no lo creen piensen en el cuento de Pedro y el lobo, cuando vengan de verdad hay que actuar con más rapidez y agilidad para no ser el patoso estúpido que muere al principio de la película.