Aunque quizá haría demasiado calor, no sé, aunque también podría ser un desierto helado, en realidad lo importante sería que no habría nadie a quien transmitirle las quejas por las temperaturas inmoderadas.
Eso para algunos supondría una auténtica tragedia, claro, qué impotencia, no poder quejarse ante nadie, pero en realidad yo creo que a medio plazo tendría un efecto balsámico, quiero decir que si no tienes a quién quejarte, las quejas se convierten en algo absurdo y sin justificación.
Sostengo con la vehemencia que sea necesaria la idea de que las quejas desaparecerían si desaparecieran las personas que las provocan, y que las reciben, las que las ignoran y las que les dan crédito.
Por eso vivir en un planeta desierto estaría guay, aunque hiciera demasiado calor. Da igual. Podría aplatanarme, y derretirme, y convertirme en una masa informe carente de energía y de voluntad, y lo haría sin emitir una sola queja...
domingo, 16 de agosto de 2009