Y Dios dijo:
"Y, tú, Caín, ¿cómo te has atrevido a asesinar a tu hermano? Te condeno a vivir eternamente. Llevarás sobre tus hombros por los siglos de los siglos el peso de tus remordimientos y el dolor de estar vivo.
Y no sólo eso, sino que te verás obligado a alimentarte de la sangre de tus semejantes. Sangre ha sido tu pecado, sangre será tu penitencia".
Y Caín fue expulsado del pueblo de Dios, y se vio condenado a vagar por el mundo y a crear sus propias tribus, sus propias sociedades. Se encontró con Lillith, la primera mujer de Adán, castigada anteriormente, y con el otro expulsado, el Ángel Caído, el Lucifer prometeico.
Y viven eternamente, y se alimentan de la sangre de otros, y el dormir en ataúdes y quemarse ante la luz del sol vino con el tiempo, porque el ser humano necesita adaptar sus leyendas a sus miedos.
Apuesto a que los Cainitas siguen entre nosotros, y se les llame como se les llame esperan, con la paciencia característica de los inmortales, el momento en el que les sea devuelto su lugar en el mundo.
sábado, 28 de noviembre de 2009