El tipo vestido de elfo y con una mochila al hombro atravesó las puertas del centro comercial. Dejó atrás con paso decidido tiendas de ropa de última moda, una zapatería, una hamburguesería, una librería, un quiosco de comida rápida especializado en sándwiches de pollo, y se dirigió directamente a la encrucijada de galerías en la que Papá Noel estaba recibiendo a todos los niños de la ciudad que quisieran visitarle. Se acercó, abrió la verja y pasó junto a una composición de renos de plástico hasta situarse junto al más querido personaje navideño que, cómo no, sostenía sobre sus rodillas a un niño de gruesas gafas y aspecto de listillo:
- …y también quiero un microscopio, y un juego de cartas, y una consola…
Papá Noel contempló al niño con sonrisa profesional, resopló al observar la cola que aún esperaba junto a la verja y le susurró al tipo vestido de elfo:
- Joder, Paco, llegas media hora tarde, ya te vale…
Paco no contestó. Su metro y medio de estatura le convertían en la persona ideal para llevar el disfraz de elfo. Entre los empleados del centro comercial, desde luego, no había existido duda alguna. “Venga, Paco, si sólo te faltan las orejas puntiagudas”, le habían dicho con sorna. Gilipollas…
- …y un coche a control remoto, y un juego de construcción, y el castillo del Conde Drácula…
El niño continuaba su letanía y había quien ya empezaba a impacientarse en la cola. Ahora fue Paco quien se acercó a Papa Noél:
- Arturo… Arturo…
- ¿Sí?
- Tengo la mochila cargada de dinamita y voy a volar esta mierda de centro comercial con todos dentro.
- ¿Qué?
- Lo que oyes, Arturo…
- Venga, Paco, no me jodas…
Entonces Arturo giró la cabeza. Paco había abierto la mochila. En ella, junto a unos guantes de pelo y un gorro con cascabeles había algo rodeado de cables. Algo que podían ser, perfectamente, unos cartuchos de dinamita. Arturo se descentró y casi se cae de la silla. El niño comenzó a tirarle de la barba:
- …Papá Noel, que no me escuchas, y una bici, una bici azul…
- Te lo digo a ti, Arturo, porque sé que tú lo entenderás. Sólo a ti. Es la hora.
Arturo, por supuesto, no entendía nada. El niño estaba comenzando a desmontarle la cara a base de tirones.
- ¡Papá Noel! ¡Papá Noel! ¡Y el barco pirata! ¡No te olvides del barco pirata!
Las barbas se le cayeron, las gafas se le desajustaron, el niño seguía gritando y Paco se estaba poniendo los guantes y el gorro de cascabeles.
- ¡¡¡¡¡Papá Noeeeeeelllll!!!!!
- ¿Te quieres callar de una vez, coño?
Entonces se desencadenaron los acontecimientos. El padre del niño, que esperaba en la verja, dio un respingo y comenzó a gesticular. Mientras tanto, Paco se subía a uno de los renos, sacaba de su mochila algo que perfectamente podía ser un detonador y rompía a bramar amenazas y barbaridades.
Segundos después corrían todos, o se tiraban al suelo, o rezaban por sus vidas. El niño desapareció en un santiamén y Arturo se pasó la mano por la frente:
- Mierda. Creo que este año me quedo sin paga extra…
domingo, 27 de diciembre de 2009