lunes, 24 de agosto de 2009

¿Qué harías si mil zombies corrieran hacia ti como desesperados con la intención de devorarte?

Los vi. Sus contornos se dibujaban en el tenue horizonte nocturno. Eran cientos, miles de zombies hambrientos que venían a por mí. Fue tan sólo durante unos instantes. Me agaché y presentí que uno de ellos iba a saltar sobre mí, que iban a salir de entre los matorrales como sangre que brotase de una herida.
Luego vi la zanja, traté de pasar sobre ella de un salto pero terminé tropezando y evitando besar el suelo de puro milagro. Me incorporé pensando en echar a correr pero ellos se habían ido.
Los presentimientos pueden llegar a ser muy reales.
Ahora pienso que la noche no cesó un solo segundo de permanecer en calma, que la brisa movía la vegetación e invitaba a pensar en cuerpos acercándose, que he visto demasiadas veces 28 semanas después.
Pero también es verdad que la próxima vez que vea un millar de zombies hambrientos corriendo hacia mí tengo que hacer algo más que agacharme y tropezar en una zanja.
Porque, y si no lo creen piensen en el cuento de Pedro y el lobo, cuando vengan de verdad hay que actuar con más rapidez y agilidad para no ser el patoso estúpido que muere al principio de la película.

domingo, 16 de agosto de 2009

Vivir en un planeta desierto estaría guay

Aunque quizá haría demasiado calor, no sé, aunque también podría ser un desierto helado, en realidad lo importante sería que no habría nadie a quien transmitirle las quejas por las temperaturas inmoderadas.
Eso para algunos supondría una auténtica tragedia, claro, qué impotencia, no poder quejarse ante nadie, pero en realidad yo creo que a medio plazo tendría un efecto balsámico, quiero decir que si no tienes a quién quejarte, las quejas se convierten en algo absurdo y sin justificación.
Sostengo con la vehemencia que sea necesaria la idea de que las quejas desaparecerían si desaparecieran las personas que las provocan, y que las reciben, las que las ignoran y las que les dan crédito.
Por eso vivir en un planeta desierto estaría guay, aunque hiciera demasiado calor. Da igual. Podría aplatanarme, y derretirme, y convertirme en una masa informe carente de energía y de voluntad, y lo haría sin emitir una sola queja...

martes, 11 de agosto de 2009

La verdad sobre Pandora

La verdad es que no tenía que haber destapado la caja de los truenos. Lo sé ahora, incluso lo sabía ya entonces, pero no quise hacer caso. La curiosidad, la maldita curiosidad, o las ganas de darse importancia, los delirios de grandeza o el afán de protagonismo, qué más da, el caso es que la caja era bonita, adornada con ribetes dorados y marmóreos, un trabajo de fina artesanía, desde luego, pero eso no puede servir de justificación.
Yo sabia lo que había dentro y, aun así, la abrí.
Y lo que se desencadenó a partir de entonces fue tan tremendo como un huracán, tan imparable como un tsunami, tan enorme como cualquier fuerza inatacable de la naturaleza.
Lo más curioso de todo, lo más divertido, si quieres, es que me sentí tan a gusto que me sumergí de lleno en aquella fuerza arrasadora, me deje llevar y me sentí como no lo había hecho nunca. Sentí que no era yo, luego que era parte de fuerzas superiores, luego que todo lo demás quedaba convertido en un punto pequeño, frágil y manejable.
No tenía que haber destapado la caja de los truenos. Pero menos mal que lo hice.
El mundo anterior era realmente aburrido.

domingo, 2 de agosto de 2009

La memoria colectiva empieza por uno mismo

Creo que estoy desarrollando una particular capacidad para olvidarme de la gente que se me cruza en la vida cotidiana, de sus caras y de sus nombres, como si mi subconsciente las catalogara inmediatamente de intrascendentes, de prescindibles.
En realidad, empiezo a creer en la metáfora utilizada en psicología que equipara la memoria humana al funcionamiento de un ordenador, y hasta puedo llegar a afirmar que mi disco duro está lleno con todos los datos, fechas, hechos, personas y personajes que se han cruzado en mi vida, en mis estudios, en mis recuerdos.
Por eso, para guardar datos nuevos, tengo que borrar los ya existentes. Es triste pensar que para recordar a una persona tenga que olvidar a otra de mi pasado, que para asimilar un hecho histórico tenga que eliminar otro, pero así es.
¿Y qué hago si no puedo seguir acumulando datos? ¿Me detengo y dejo de adquirir conocimientos? ¿Renuncio a mi pasado? ¿Me quedaré obsoleto cual Spectrum 48k ante las prodigiosas memorias Gb de los que me sucedan?
Pues, sinceramente, sin mi memoria no soy nada, así que para aumentar mi capacidad sólo se me ocurre instalarme un disco duro externo.
¿Cómo se conecta eso? Por más que me busco en la nuca y tras las orejas no encuentro una entrada USB...

Leaving Las Vegas

- "Nunca te tocará la lotería si no compras el billete", le habían dicho más de una vez.
- "Nunca me va a tocar, para qué voy a comprar nada", contestaba él sistemáticamente.
Y sin embargo aquel billete que se había encontrado junto a la máquina tragaperras le hizo pensar que quizá había llegado su momento, que tarde o temprano la suerte, siempre tan esquiva, habría de terminar por sonreírle, que era un puro ejercicio de justicia poética el que él, que nunca había derrochado un centavo, que no apostaba ni sobre seguro, que demostraba la sobriedad y la contención del estoico, fuera premiado por todas sus virtudes.
Decidió que lo merecía. Decidió que le iba a tocar, por primera y única vez en su vida. Introdujo la moneda y tiró de la palanca.
Obviamente, aquel dólar, junto con su virginidad como jugador, se perdió para siempre.