domingo, 28 de febrero de 2010

Por una mirada un mundo

"Sostenle la mirada y estréchale la mano con fuerza, con energía", le habían dicho los próceres de la retórica y la persuasión. ¡Qué fácil era decirlo, pero qué mérito tendría si salía con vida de aquella entrevista!
Aprender a estrechar la mano le había costado media vida y algún que otro disgusto. En cuanto a lo de sostener la mirada y asomarse a los ojos del interlocutor, todavía no lo había conseguido.
Recordaba haberse dejado intimidar por sus jefes, por sus amigos más impulsivos, por las chicas que había pretendido conquistar, por cualquiera que se le hubiera cruzado en la calle con un poco de desparpajo. Le era imposible no echar la vista al suelo y hablar y hablar sin saber muy bien a quién. En ocasiones había hablado horas enteras, conversaciones completas, incluso interesantes, para después darse cuenta de que le costaba recordar las caras: cómo hacerlo, si apenas las había mirado.
Se atormentaba temiendo qué pensarían los demás de él, probablemente le considerarían un pusilánime, un espíritu débil y sin valor.
Aquella entrevista era su oportunidad de desquitarse y de ascender en la escala social, de comenzar a ser considerado y a cruzar al lado de los influyentes y no de los influidos. Llegaría e impondría su ley.
Y lo intentó. ¡Vaya si lo intentó! El Presidente le recibió en su despacho y le tendió la mano con un breve saludo. Él apretó, lo hizo con todas sus fuerzas, y sin embargo notó cómo los dedos del Presidente aprisionaban los suyos y los hacía añicos, o al menos eso creyó él. Cuando las manos se separaron, sus dedos habían incluso perdido sensibilidad y su mirada, por supuesto, andaba tan baja que descubrió una mancha en su zapato.
Comprendió entonces que nunca llegaría a lo más alto, que para eso había que desarrollar una fuerza especial, poderosa, que dominar a los demás en una suerte que hay que practicar a menudo, y con constancia.
La entrevista salió mal. Al terminar, no sólo no sabía el color de los ojos del Presidente, sino que apenas podría reconocerlo en una reunión medianamente poblada.