Me he cansado de hablarle al mundo y que el mundo no me responda. Estoy harto de ser ignorado, olvidado y menospreciado por gente que no saben quiénes son, que no respetan a nadie, que se niegan a reflexionar y que no ven la realidad.
He creado una sociedad secreta, propia y unipersonal. Ni los templarios, ni los rosacruces ni los masones pudieron presumir de una cualidad decisiva: la unanimidad.
Imaginen las reuniones, los acuerdos, el morboso placer de cuidar los mayores secretos de la humanidad llevado a cabo por una sociedad a la que sólo los elegidos tienen acceso. Y él único elegido, desde luego, soy yo.
Ahora mi vida tiene sentido. Me dedicaré en cuerpo y alma a mantener en secreto las verdades que todos desconocen. No volveré a echar margaritas a los cerdos.
Los secretos son, y serán, sólo para mí. Pregúntenme, si quieren, que no obtendrán respuesta.
No lo merecen.
Ustedes no lo merecen.
domingo, 21 de febrero de 2010