La cabeza me da vueltas, doctor, gira y gira a mi alrededor, unas veces despacito, dejándose observar; otras a gran velocidad, tan rápido que en ocasiones la percibo como un fugaz relámpago. Pero sé que está ahí. Siempre está ahí, mi cabeza, girando, y me dice cosas, continuamente, cosas que no quiero escuchar, entonces me taparía los oídos y gritaría, pero, ¿cómo voy a hacerlo si es mi cabeza la que me da vueltas?
Y también por las noches, doctor. Por las noches, mientras me entrego al sueño, gira más que nunca, y habla, y habla, y si consigo dormir se me aparece en pesadillas horribles como un súcubo malintencionado que pretendiera volverme loco.
Por un lado, temo que de tanto darle vueltas a la cabeza pierda la noción del tiempo y la realidad y termine desquiciado; por otro lado, si dejara de darle vueltas a la cabeza tal vez dejaría de pensar y, en ese caso, ¿qué sería de mí? Si hago oídos sordos, mi cabeza continúa; si trato de razonar con ella, fomento su cháchara exasperante.
Ya sé que todos le dan vueltas a la cabeza de una forma u otra, que es natural y lógico. Pero yo ya estoy más que harto de este vaivén insufrible.
Cualquier día voy a perder la cabeza. Si, eso pasará. Ojalá sea así, en ese momento se solucionaría el problema. Pero mientras tanto, doctor, ¿qué puedo hacer?
jueves, 25 de marzo de 2010