sábado, 15 de mayo de 2010

Chequeo confuso

Si cierro los ojos y me relajo, si respiro regularmente y busco la concentración, puedo notar cómo la sangre circula por mi interior, constante, llevando de un lado a otro sus pruebas de vida; percibo también cómo mi pecho se infla con cada inspiración, y cómo se reduce al espirar; incluso siento los latidos de mi corazón, pausados, impulsándose por dios sabe qué mecanismo inextricable. Si presto mucha, mucha atención, puedo llegar a oírlos, retumban en el interior de mi cabeza y me hacen rememorar danzas mistéricas de tribus perdidas.
Cuando me paro a pensar, llego a la conclusión de que estos signos podrían significar que estoy vivo.
Cuando me paro a pensar. Entonces, dudo; porque estos signos suelen indicar vitalidad, y yo sin embargo hace ya bastante tiempo que consideraba eso de la vida como un recuerdo pasado y casi, casi olvidado...