Primero pensó que bastaba ya de que los demás le hicieran sufrir. A partir de ese momento sería él, únicamente él, quien se sometería a tortura hasta que su alma gritara que ya era suficiente y pidiera clemencia.
Luego pensó que la autotortura, por más que pudiera ser purificadora, acentuaría su debilidad. Y ya sabemos todos lo que hacen los demás cuando perciben la debilidad ajena: atacan con más fuerza. Dedujo que acabaría aniquilado por la acción destructiva de los demás, ayudada por la autotortura, si no tomaba al mismo tiempo medidas de protección.
Así que la solución consistió en no mostrar a los demás el sufrimiento, las debilidades y el dolor. Nadie ataca a quien parece poderoso. De esta forma, perfeccionó sus dotes representativas de tal modo que fuera capaz de ocultar a los ojos externos la peor época de su vida tras una máscara de comedia.
Y así se convirtió en el mejor actor del mundo.
Y sí. Definitivamente sí. El mejor actor del mundo puede afirmar por experiencia propia que uno puede estar completamente destrozado por dentro y parecer, de cara al exterior, el tipo más estúpidamente feliz sobre la faz de la Tierra.
lunes, 31 de mayo de 2010