La Gran Nube de Magallanes no ha cambiado mucho desde que John Herschel se estableció en Ciudad del Cabo para observarla. Sus 10.000 millones de estrellas contienen un número aproximado de 100.000 millones de planetas, siendo la centésima parte de ellos, según las estimaciones, habitable.
La vastedad de esta galaxia hace que muchos de sus rincones aún no hayan sido estudiados. Es intersante, sin embargo, encontrar en varios de ellos formas de vida inteligente, aunque simples en su estructura biológica y carentes de tecnología.
La presencia de formas de vida similares en distintos planetas, algunos distantes entre sí varios millares de años luz, así como distintas pruebas arqueológicas, hablan de un pasado tecnológicamente avanzado, hasta el punto de permitir viajes interestelares.
El estudio de los habitantes de la Gran Nube de Magallanes depara, como principal curiosidad, la constatación de la ausencia, como norma general, del sentimiento que generan los "remordimientos" en el ser humano. No se trata de seres desalmados y malvados, sino de seres que carecen de lo posibilidad "real" de lamentarse de una equivocación o error.
Dicho de otra manera, los seres que habitan esta galaxia asumen las consecuencias de sus hechos, valoran el pasado como algo "pasado" y jamás perderán más tiempo del preciso valorando, a posteriori, las consecuencias de sus acciones. De este modo, estos seres carecen de dudas, de arrepentimientos, de contradicciones, de pasos atrás. Una decisión en su vida, una vez tomada, se convierte en un hecho constatable y carente de reparación sobre el que, por consiguiente, no merece la pena martirizarse.
El ser humano bascula entre la envidia por estos seres (por lo general más felices, pues al carecer de remordimientos carecen igualmente de los dolores que estos provocan) y la inevitable sensación de que tal carencia los convierte en algo que no puede ser calificado sino como "inhumano".
Hay quien piensa que fue esta ausencia de remordimientos la que llevó a estos seres a desaprovechar su pasado tecnológico y quedar reducidos a restos primitivos dispersos por planetas sin conexión; otros, sin embargo, teorizan sobre la posibilidad de que esa decisión fuese deliberada, de que la felicidad se encuentre, quizá, en la mayor de las simplezas.
Fuera cual fuese la decisión que tomaron, hace ya quizá miles de años, ellos no la recuerdan, pues es pasado; ellos no la valoran, pues ya tuvo lugar y es inapelable; ellos, en definitiva, no se arrepienten.
Ellos se consideran felices, y uno se pregunta, por analogía, si esa capacidad del ser humano para dejarse llevar por su conciencia, para darle vueltas a los asuntos que ya fueron, no es al mismo tiempo su virtud y su condena, y decir "lo siento", a veces, tan necesario como doloroso.
jueves, 24 de junio de 2010