- Lo primero, desde luego, es crear un personaje. Sin un personaje no eres nada. Uno, o varios, claro, pero esas son ya cuestiones de más complejidad que trataremos más adelante. Y, teniendo como objetivo manejar el mayor número de personajes posible, uno para cada entorno, si es necesario, sería realmente triste que fracasaras en la creación del primero de ellos. Así pues, créate un personaje y dale vida, habla con él, sácalo a pasear, que todos vean que existe, que se convenzan de que no es una creación artificial. Para eso, por supuesto, tienes que saberte el papel, saber qué decir y cómo actuar en cada momento, esto es, qué diría y cómo actuaría tu personaje, por supuesto.
Hubo quien interpretó tan bien el papel de su personaje, o de sus personajes, que terminó por no distinguir con claridad, o no distinguir en absoluto, cuál era el yo real y cuál el ficticio. Es la magia del mundo de la interpretación, amigo mío, que si te entregas a ella de verdad termina por difuminarse y fusionarse con la realidad como los colores en la paleta de un pintor.
Pero volvamos a lo nuestro. Imagina que has creado un personaje convincente y auténtico, una figura que te fascina a ti y a los demás. Te queda el mensaje. Porque, estimado amigo, se trata del personaje y del mensaje, y si no tienes mensaje, el personaje termina languideciendo, aburriendo y quedándose en un amago de lo que pudo ser. El mensaje es fundamental, hay que transmitir algo, existen personajes perfectamente trabajados que no llegan a nada porque carecen de un mensaje significativo. Así que busca algo interesante que decir, algo que nadie haya dicho antes, qué fácil se dice esto pero qué difícil de encontrar es, y grítalo a los cuatro vientos, grítalo con convicción, sólo los grandes personajes capaces, además, de transmitir su mensaje con convicción, sobreviven al paso del tiempo, a la ignorancia, a la decrepitud y al desánimo.
De modo que mírame a los ojos y dime con sinceridad: ¿qué mensaje tienes que transmitir al mundo?
lunes, 9 de agosto de 2010