lunes, 6 de septiembre de 2010

El más allá puede ser enorme

Alguien le había dicho que más allá de la cordillera que serpenteaba el horizonte se encontraba su hogar, su Ítaca particular, aquel reposo que llevaba tanto tiempo anhelando. Alguien realmente ignorante, o realmente bromista, o realmente malvado. Porque cuando después de una infinidad de días con sus noches, de penurias y cansancio, de ascensiones vertiginosas, de desfiladeros inabarcables y de abismos insondables consiguió llegar a la cima, cuando la cordillera quedó atrás y ante sus ojos se abrió aquel esperado más allá, lo que encontró fue un extenso pedazo de tierra plana, una inmensa llanura que parecía no tener fin y que abarcaba hasta donde llegaba la vista.
Trató de atisbar a lo lejos, de buscar una señal, un punto de referencia, pero la llanura se repetía a sí misma hasta la saciedad.
Así que pese a tantos esfuerzos en vano, y en lugar de lamentarse, de gritar o de volver atrás, tomó su petate y comenzó el descenso mascullando algo así como: "Total, qué más da". Qué más daba, en realidad. Puestos a caminar, y desconociendo si su Ítaca particular llegaría algún día, no le importaba mucho ascender o llanear.
En fin, no era cuestión de entretenerse más de la cuenta, quedaba todo un latifundio por cruzar, aunque no supiera muy bien qué había al otro lado, aunque tampoco le importara ya demasiado...